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La esposa de Blackwood romance Capítulo 93

Desperté con el peso familiar de su brazo cruzado sobre mi cintura. El mismo brazo que me había rodeado la primera noche que dormimos juntos en esta cama.

La alarma aún no había sonado, la miré y eran las 5:55, así que la desactivé. Solo se oía su respiración profunda y acompasada contra mi nuca.

Me giré despacio para no despertarlo. Ahí estaba el con el pelo revuelto, barba de dos días, esa arruga entre las cejas que se le formaba cuando estaba en algo importante, así que supuse que estaría soñando.

Le besé la punta de la nariz. Murmuró algo incoherente y me apretó más contra él.

—Cinco minutos más… —gruñó, voz de grava mañanera.

—Ya son las seis. Si no te levantas tú, tendré que usar el método nuclear, abrir las cortinas de golpe.

Abrió un ojo y me miró.

—Eres cruel. Y sigues oliendo a la ducha de anoche. Eso es trampa.

—Anoche fue tu culpa. Tú y tus “solo una vez más”.

Sonrió de lado, esa sonrisa lenta que después de tantos años todavía me acelera el pulso.

—Nunca me arrepiento de eso. Ni de las fresas. Ni de hacerte el amor. Ni de nada de lo que te hice ayer.

Le di un pellizco suave en el costado.

—Para. Que si sigues hablando así acabamos llegando tarde los dos.

Se rio bajito y rodó hasta ponerse encima, apoyando el peso en los antebrazos para no aplastarme.

—¿Y si llamamos diciendo que estamos enfermos? —propuso, besándome el cuello despacio—. “Gripe post-sexo intenso”. Suena creíble.

—Tú tienes una reunión con el equipo a las nueve. Y yo tengo mucho trabajo.

Suspiró dramáticamente y se dejó caer a mi lado, pero sin soltarme.

—Odio los jueves. Siempre han sido el día más largo de la semana.

Me reí y me incorporé un poco, apoyándome en su pecho.

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