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La Espectacular Transformación de la Reina AI romance Capítulo 857

Al terminar la ceremonia, los padres empezaron a retirarse. Paulina y Armando también se prepararon para irse.

—Bueno, mamá ya se va. Si necesitas cualquier cosa, ¿me llamas? —le dijo Paulina a su hija.

Josefina asintió.

—Sí.

Al ver que Paulina había terminado de despedirse, Armando le pellizcó la mejilla a Josefina con cariño.

—¿Paso por ti en la tarde cuando salgas?

Josefina dudó un segundo y ladeó un poco la cabeza para mirar a Paulina.

Era evidente que prefería escuchar esa propuesta de los labios de su mamá.

Sin embargo, el teléfono de Paulina empezó a sonar justo en ese momento, por lo que no se dio cuenta de la mirada de su hija.

Resignada, Josefina desvió la vista y asintió.

—Está bien. Mamá, atiende tu llamada, tengo que regresar al salón o llegaré tarde a la clase.

—Ve con cuidado —le dijo Paulina con una sonrisa.

Josefina se despidió agitando la mano. Armando y Paulina se quedaron mirándola hasta que desapareció.

Paulina no había contestado la llamada, así que, en cuanto vio entrar a su hija al salón, tomó su teléfono y regresó la llamada.

—Tengo asuntos que atender, me voy —le avisó Armando.

Ella hizo una breve pausa y asintió.

Armando sacó su teléfono y marcó un número, alejándose hacia el estacionamiento mientras hablaba.

Paulina también tenía que regresar a La Conquista Comercial.

Ambos caminaban hacia el estacionamiento, pero mantenían una distancia de un par de metros entre ellos. Cualquier extraño hubiera jurado que ni siquiera se conocían.

Al llegar a sus autos, cada uno subió al suyo y se marcharon sin perder más tiempo.

Justo después de que sus vehículos se alejaran, otro auto que estaba estacionado cerca comenzó a moverse despacio. En su interior iba nada menos que Mercedez Lobos.

Ella sabía perfectamente que ese era el primer día de clases de Josefina, así que había decidido darse una vuelta a propósito.

Al presenciar la evidente frialdad entre Armando y Paulina, la tensión en sus manos sobre el volante se relajó un poco.

Era innegable que Paulina estaba brillando con luz propia en esos momentos...

—Fui a la ceremonia de regreso a clases de mi hija.

—...Ah, ya veo.

Si fue así, eso significa que debió encontrarse con Armando...

Por supuesto, Teófilo se guardó ese comentario. Se obligó a cambiar el chip y se enfocó de lleno en los negocios.

Cuando terminaron, Jaime Burgos entró para discutir con ella la agenda de los próximos días.

Para cuando finalizaron, ya era casi mediodía. Jaime se estiró y soltó sin anestesia:

—Hoy te viste con él. ¿No tocaron el tema del divorcio?

Paulina negó con la cabeza.

—Lo pensé, pero no creo que esté dispuesto a aceptar ahora mismo.

Jaime torció los labios.

—Tienes razón. Con el escándalo entre él, Mercedez y tú todavía tan fresco, si tratas de forzar un divorcio ahorita, ni él ni la familia Frias te lo van a permitir.

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