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La Espectacular Transformación de la Reina AI romance Capítulo 856

Tras terminar de hablar con la maestra, tomaron los asientos que les indicaron.

Apenas se sentaron, varios padres de familia se acercaron a saludarlos y a entregarles sus tarjetas de presentación.

Paulina y Armando se pusieron de pie por cortesía, estrechando manos e intercambiando algunas palabras amables.

Después de socializar un rato, la maestra comenzó a formar a los alumnos para la ceremonia.

Paulina le acarició la cabeza a Josefina con ternura.

—Ve con ellos.

—Sí —asintió la niña.

Al responder, miró de reojo a Armando y luego a Paulina.

Por supuesto que se había dado cuenta de que, desde que se encontraron en la entrada, sus papás casi no se habían dirigido la palabra.

No sabía desde cuándo, pero, en su memoria, las pocas veces que los veía juntos casi nunca platicaban...

Solo que antes no le prestaba tanta atención a esos detalles.

Josefina se unió al grupo según las indicaciones de la maestra. Armando y Paulina, junto con el resto de los padres, se quedaron en sus lugares observando a la ruidosa y alborotada multitud de niños.

Ese día, Paulina notó que Josefina había crecido un poco más. Sus cachetitos de bebé estaban desapareciendo, dándole el aspecto de una pequeña señorita...

El tiempo pasaba volando.

Antes, siempre había creído que vería crecer a Josefina día a día, que no se perdería ni un solo instante de su vida.

Pero ahora...

—El tiempo pasa muy rápido. En un abrir y cerrar de ojos, ya está enorme.

La voz de Armando la sacó de sus pensamientos.

Ella dudó un segundo; sabía que se dirigía a ella, pero prefirió guardar silencio.

Armando mantenía la mirada fija en Josefina, sin apartarla ni un momento.

No pareció molestarle que Paulina no le respondiera.

Ella sintió su escrutinio, pero como no entendía qué buscaba, lo ignoró por completo. Armando la observó unos segundos más, esbozó una ligera sonrisa y volvió a quedarse callado.

Durante el resto del evento, apenas cruzaron un par de palabras.

Para muchos padres, ese tipo de ceremonias escolares resultaban tediosas y hasta un tanto ridículas.

Sin embargo, a Armando y a Paulina no se lo parecían.

Permanecieron de pie en su lugar, con la vista clavada en Josefina, sin mostrar ni una pizca de impaciencia. Cada vez que tocaba aplaudir o interactuar, ambos le sonreían y la animaban desde lejos.

En realidad, esa clase de eventos resultaba agotadora, sobre todo porque ese día el sol caía a plomo.

Paulina sacó un pañuelo para secarse el sudor. Armando le ofreció una botella de agua, con la tapa ya aflojada.

Ella dudó un instante antes de tomarla y dijo con tono neutro:

—Gracias.

—De nada —respondió Armando.

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