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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 91

En cuanto el doctor salió, todos se abalanzaron hacia él. Begoña le sujetó la mano, temblando de angustia.

—Doctor, ¿cómo está mi hijo?

—Sra. Guzmán, su hijo, al caer, se golpeó la frente con una piedra que estaba en el pasto. La herida se veía espantosa, hubo bastante sangre, pero no es grave.

El doctor habló con voz tranquila, como si su experiencia le diera la seguridad de que lo peor ya había pasado.

—Ya le suturamos la herida y se detuvo el sangrado. Ahora está bajo control, no hay de qué preocuparse.

—Pero, ¿de verdad no es nada peligroso? —Begoña no podía quitarse de la cabeza la imagen de su hijo cubierto de sangre. El cuerpo le seguía temblando.

—Sra. Guzmán, puede estar tranquila. Si le digo que no hay riesgo, es porque estoy completamente seguro —le aseguró el doctor con una sonrisa reconfortante.

—Gracias, doctor —dijo Begoña, soltando el aire que tenía atrapado en el pecho. En cuanto vio a Agustín salir de la sala, aún inconsciente sobre la camilla, las lágrimas volvieron a brotarle sin control. Caminó detrás de él junto con el mayordomo y los enfermeros, sin poder apartar la vista de su pequeño.

Aunque el doctor insistía en que no era grave, Begoña no podía dejar de preocuparse. Nunca había visto a Agustín pasar por algo así. Sentía un nudo en el corazón, como si todo su mundo estuviera a punto de derrumbarse.

Se quedó a un lado de la cama, esperando a que Agustín abriera los ojos.

Mariano se acercó, tratando de convencerla de que descansara un poco.

—Amor, tú también estás embarazada y necesitas cuidarte. Si sigues así, no vas a aguantar. Descansa un poco, y cuando Agustín despierte, tendrás fuerzas para cuidarlo.

—Sí, Bego, aquí estamos nosotros. El mayordomo y yo nos quedamos. Cuando despierte, te avisamos. Si no quieres irte a casa, por lo menos pasa al cuarto de al lado y recuéstate un rato —insistió Catalina, preocupada.

Begoña no quería alejarse ni un segundo de Agustín, pero una punzada en el vientre la obligó a ceder. Antes, con la adrenalina, no había sentido nada, pero ahora el dolor era cada vez más intenso.

Desde que supo que llevaba una niña en el vientre, Begoña ya no podía ignorar la vida que crecía en ella. Quería protegerla, quería que su hija naciera sana y fuerte.

Mariano la acompañó hasta la habitación contigua. Begoña apenas cruzó la puerta, le pidió que la dejara sola y regresara con Agustín. Se recostó, pero no logró pegar el ojo. Daba vueltas y vueltas en la cama, y el dolor en el vientre empezó a ceder. Cuando por fin sintió alivio, se levantó y fue directo al cuarto de Agustín. No podía quedarse sin verlo.

Tenía tantas cosas que decirle. Quería pedirle perdón, quería decirle que su madre lo amaba, que jamás volvería a decir que no lo quería.

Abrió la puerta y vio a Agustín despierto. Aunque su carita seguía pálida y tenía la cabeza envuelta en vendas, ya podía hablar. Escuchó a Mariano regañándolo.

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