Apenas terminó de hablar, Patricio levantó la mano y le dio una bofetada a Maribel.
—¿Qué estás diciendo? ¡No digas tonterías!
—Nuestra hija está pasando por algo horrible y tú ya ni piensas con claridad.
A su alrededor, los médicos, enfermeros y demás familiares que estaban en la sala ya empezaban a cuchichear. Todos señalaban a Rosario, que seguía tendida en la sala de urgencias, y también a ellos, poniéndose completamente del lado de Begoña.
Catalina y Mariano tampoco podían darse el lujo de enfrentarse a Begoña en ese momento.
Si ahora se atrevieran a decir la verdad, no solo serían condenados públicamente, sino que, aunque Rosario sobreviviera, su nombre quedaría manchado para siempre y Mariano la dejaría en el acto.
Así que decidieron aguantarse. Al final, aunque perdieran a ese bebé, todavía les quedaba Renata.
Mientras Renata estuviera, Mariano jamás dejaría de preocuparse por Rosario ni los abandonaría a ellos.
Begoña, al ver cómo Maribel recibía una bofetada tras otra, sintió un extraño alivio por dentro.
La enfermera volvió a hablar, apurada.
—El doctor está haciendo todo lo posible por salvar a la paciente, pero la reserva de sangre se está acabando. Tiene un tipo de sangre muy raro, tipo panda. ¿Quién más aquí tiene ese tipo de sangre? Vengan rápido para donar.
—¡Yo! —Patricio se apresuró, dispuesto a salir con la enfermera, pero de pronto recordó algo, giró y señaló a Begoña—. ¡Ella también tiene ese tipo de sangre! ¡Usen su sangre para mi hija!
—¡Ella fue la que empujó a mi hija por las escaleras! ¡Debería donar su sangre para redimirse!
En ese instante, Begoña buscó la mirada de Mariano. Él no la detuvo de inmediato, ¿será que también quería que fuera a donar?
Catalina intervino de golpe.
—Mi nuera sí tiene sangre tipo panda, pero su salud es delicada y ahorita está esperando un bebé. Además, ella no empujó a nadie, así que no tiene que pagar por algo que no hizo.
—Con una persona basta, apúrense —apresuró la enfermera con fastidio.
Patricio le lanzó una mirada fulminante a Begoña y se fue con Maribel y la enfermera.

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