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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 75

La señora es tan amable y guapa, si ella pudiera ser mi mamá, sería increíble.

Joaquín pensó eso mientras se acercaba al oído de Begoña y le susurraba la dirección de su casa.

Quería prepararle una gran sorpresa a su papá.

Si el día de su cumpleaños, su papá pudiera ver a la señora, seguro se pondría feliz.

Por otro lado, Agustín observaba cómo Begoña se preocupaba por el hijo de otra familia, y una sensación amarga le atravesó el pecho. Le dolió de verdad.

Se acercó y le tomó la mano a Begoña.

—Mamá, no te está permitido preocuparte por él, ni darle regalos.

—Yo también estoy herido, me duele la pompa. Mamá, sopla para que se me quite y cómprame un regalo.

Begoña bajó la mirada hacia la manita de Agustín, que se aferraba a la suya. El niño arrugó el entrecejo, con una mueca de dolor, y con la otra mano se sujetaba fuerte la pompa.

En su memoria, era la segunda vez que veía a Agustín recibir un golpe. La primera había sido cuando Mariano le dio una bofetada.

Verlo así la inquietaba, pero al pensar en Tamara, sentía que él mismo se lo había buscado.

El carácter dominante de Agustín solo hizo que Begoña frunciera el ceño aún más.

Hace un rato, Agustín estaba justo al lado de Renata, pudo haber evitado todo lo que pasó, pero no movió ni un dedo.

Tal vez, simplemente no reaccionó a tiempo.

Pero cuando ella se cayó, hasta ahora no le había preguntado ni una sola vez cómo estaba.

Eso sí, apenas vio que ella se preocupaba por otro niño y quería comprarle un regalo, Agustín se sintió ignorado y no tardó en armar un escándalo.

Begoña retiró su mano de la de Agustín.

—Te pegaron unas cuantas veces, en un rato se te va a pasar.

—Y además, yo le doy regalos a quien yo quiera, eso no es asunto tuyo.

—Pero tú, Agustín, si antes de que termine el día no le pides perdón a tu hermana Tamara, entonces no vuelvas a llamarme mamá.

Begoña, al ver que Agustín solo apoyaba a los de fuera, se llenó de coraje y soltó esas palabras casi sin pensarlo.

Ella era su madre, así que tenía que aceptar cómo era su hijo.

Pero él no tenía derecho a tratar así a Tamara.

Para los niños, que su mamá los rechace era como si el mundo se viniera abajo.

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