Begoña subió el vidrio del carro y le explicó la situación a la policía, dictando la dirección con voz firme.
Mariano escuchó cada palabra como si tragara una montaña de agujas. El dolor le atravesaba el cuerpo, por dentro y por fuera.
La mujer que más amaba en el mundo, su esposa, estaba dispuesta a entregarlo.
Quiso verla una vez más, pero ella ni siquiera le concedió esa última mirada; cerró la ventana con determinación, dejando claro que no había marcha atrás.
...
Cuando Begoña llegó al conjunto habitacional, la patrulla ya estaba allí.
Al ver a Álvaro y Joaquín sanos y salvos, no pudo evitar correr hacia su hijo y abrazarlo con fuerza.
—Perdóname, Joaquín —susurró, apretándolo contra su pecho—. Mamá llegó tarde.
Joaquín, sin embargo, apartó la vista de Begoña y gritó:
—¡Señor Mariano!
Begoña se incorporó de golpe, giró sobre sus talones y, al ver a Mariano de pie a una corta distancia, mirándolo con esos ojos llenos de heridas y cansancio, no dudó ni un segundo. Apuntó hacia él y, mirando a los policías, declaró:
—Sospecho que él fue quien mantuvo a mis amigos en contra de su voluntad.
La frase cayó como una losa sobre Mariano.
Un escalofrío recorrió su cuerpo. Su esposa, el amor de su vida, estaba dispuesta a enfrentarlo por otro hombre. ¿Cómo no iba a hervir de rabia? Pero, ¿de qué servía el enojo si era su esposa?
Mariano avanzó entre la multitud, con la esperanza de acercarse a Begoña.
—Señor Álvaro, ¿es él? —preguntó uno de los policías.
Álvaro asintió.
—Sí. Desde que vino a la casa el otro día, me quitó el celular y las llaves del carro. No nos dejó salir.
—Nos tuvo retenidos. En ese momento, también estaba presente Natalia.
Sandra, que hasta entonces se había mantenido oculta detrás de Begoña, se animó a salir y, con voz temblorosa, dijo:
—Yo soy Natalia. Lo que dice el señor Álvaro es cierto, Mariano tomó el celular y las llaves, pero... no nos prohibió irnos.
Álvaro la miró desconcertado.
—En ese momento, para proteger a mi hijo Joaquín y a Natalia, preferí evitar cualquier enfrentamiento.
El policía los observó con atención antes de asentir.
—Vamos a investigar a fondo. Todos los involucrados deben acompañarnos a la comisaría.
...
Begoña, por supuesto, no se despegó de Joaquín ni un instante. Mientras avanzaban hacia la salida, le habló a Álvaro con una mezcla de culpa y ternura, preocupándose por su estado y el de Joaquín.

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