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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 111

—Está bien.

Begoña esperó a que Aurora saliera del estudio, movió el mouse y aceptó la videollamada.

Pero quien apareció en la pantalla no fue Álvaro, sino su hijo Joaquín.

—Señorita bonita, Joaquín te extraña muchísimo. ¿Cuándo vas a venir a mi casa a jugar?

La voz infantil de Joaquín era como música celestial, y al ver su carita inocente, Begoña sintió que su corazón, antes tan vacío, se llenaba de vida.

—Señorita, estos días he estado ocupada, me temo que no voy a poder ir a tu casa.

—Oh… —Joaquín hizo un puchero de decepción, pero de pronto recordó algo y sus ojos se iluminaron—. Señorita bonita, te voy a llevar a ver el cuarto de mi papá.

Tomó la cámara y caminó por un largo pasillo, donde aún se escuchaban las voces de los adultos conversando en la sala. Llegó hasta la recámara principal y abrió la puerta.

La habitación estaba llena de retratos de Begoña de diferentes épocas, incluso había una foto de ella vestida de novia.

Begoña no pudo ocultar su sorpresa; sintió como si algo cálido se expandiera en su pecho.

Seis años sin verse, ¿y cómo era posible que él tuviera tantas imágenes de ella?

Algunas hojas estaban gastadas y dobladas en las esquinas; eran dibujos de hacía varios años.

—Señorita, mira, mi papá te quiere muchísimo —murmuró Joaquín mientras bajaba la foto de la boda—. Esta es su favorita, duerme abrazado a ella.

Begoña se quedó pasmada.

De pronto, la puerta se abrió de golpe y la voz limpia de Álvaro llenó la habitación.

—Joaquín, ¿no estabas platicando con la señorita Begoña en el estudio? ¿Ya terminaron? ¿Te preguntó por mí? ¿La señora Aurora le llevó la computadora para platicar? ¿Se ve contenta?

Joaquín parpadeó, su papá no se había dado cuenta de la cámara en sus manos.

La señorita bonita parecía no creer que su papá la quisiera, así que él pensó en ayudarla a preguntar.

—Joaquín, no juegues con los retratos de la señorita —advirtió Álvaro, acercándose. Su figura alta y elegante apareció en la cámara, deteniéndose en su rostro serio y apuesto, donde se marcaba una arruga de molestia.

Estaba tan cerca que Begoña pudo ver hasta el más mínimo detalle de sus pestañas oscuras.

—Papá, papá, ¿tú quieres a la señorita?

Álvaro se quedó quieto un instante.

—Niño, ¿tú qué sabes de esas cosas?

—¡Claro que sé! Yo quiero a Tamara. Siempre quiero ir al jardín para jugar con ella, todo lo rico quiero dárselo, me da envidia cuando otros niños duermen en la misma casita que Tamara… Tamara es la niña más linda del kinder —contó Joaquín, rebosante de alegría—. Papá, ¿a ti también te gustaría jugar, comer y dormir con la señorita?

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