"Irina"
Lo mejor que hice fue volverme cercana a Machadão. Como Ilana me recordó, sacrificios necesitan ser hechos y Machadão era mi sacrificio mayor. Tan pronto descubrí que tenía gente afuera y estaba armando una fuga, traté de acercarme a ella, ya no cobraba más los programas y hacía todo para dejarla bien contenta. Y ahí me incluyó en el plan de fuga, a mí y a Ilana, porque ese demonio era bien inteligente y sería muy útil.
—Aquí, Pantera, aquí trabas y destrabas, aquí cambias el cargador, de resto es solo apuntar y meter bala. —Me estaba explicando cómo usar el arma que me había conseguido cuando llegamos al escondite.
—Perra, vamos, quiero resolver pronto mis pendientes. —Ilana llamó.
—Oye, Pantera, cuando termines vuelves, voy a sacarte de la vida y vas a ser mi dama. Nosotras somos sociedad, ¿entiendes? —Machadão se rio y me guiñó el ojo, pero no pensaba volver. Iba a cobrar mis deudas y desaparecer con el dinero que iba a sacarle a esos imbéciles.
Ilana y yo salimos de esa choza horrible y entramos al auto que Machadão nos consiguió. Era un modelo popular, pero por lo menos andaba.
—¿Y entonces, perra, a dónde vamos primero? —Ilana preguntó. Había adquirido el pésimo hábito de llamarme perra.
—Ya salimos de ese infierno, puedes volver a tu modo normal. —Le hablé ya sin paciencia para sus gracias.
—Pero este es mi modo normal, perra, el de antes era el modo falso. —Se rio.
—Vamos primero tras Lucas. Ese insolente me va a pagar. —No había olvidado el desafuero que me hizo.
—Ah, insolente, pero bien ricote. Antes de acabar con él voy a querer que acabe conmigo, ando necesitando. —Habló y no me gustaba ese modo vulgar de Ilana.
—Como si no te hubieras acostado con todos esos guardias de la escolta tanto como yo. —Resoplé. —Principalmente el jefe de ellos que aparecía todos los días ahí en la celda.
—Sacrificios, Irina. —Habló sin humor. —Después de Lucas, ¿quién es el próximo de la lista?
—¡Isidoro! Terminar lo que no lograste. Ese cretino entregó el testamento verdadero de Antonia y todavía fue ahí a la cárcel a reírse de nosotras. —Cuanto más recordaba, más irritada me ponía.
—Ah, tengo mucho más que cobrarle a ese cerdo. —Ilana tenía odio hacia Isidoro, más que yo.
—Después Valeria y Viviane, esas traidoras nos metieron en la cárcel. Después el casi muerto de Leonel, Donaldo...
—Ah, a ese quiero aprovecharlo, un guapo, ¡no lo voy a despachar antes de probarlo! —Ilana parecía estar en celo, ¿qué había hecho la cárcel con esa niña? —¿Pero y la fastidiosa de Anabel? ¡Es la que más odio!
—Yo también, por eso se va a quedar para el final. Ya sabes, está embarazada, vamos a hacerle el parto, voy a tener el placer de arrancarle los hijos y estrangularlos con el cordón umbilical. —Hervía de rabia por esa mosquita muerta que arruinó todos mis planes.
—Dios, anduviste mucho con Machadão. ¿Vas a volver con ella cuando termines? —Ilana quiso saber.
—No, con el dinero que vamos a sacarle a todos ellos, me voy a otro país. ¿Vienes conmigo?
—Creo que sí, siempre es bueno tener una ayuda. Como dice Machadão, ¡una sociedad! —Ilana se rio.
Estacioné frente a mi casa, la que compré para Lucas y él me robó, ese muchachito idiota. Cruzamos la calle e Ilana tocó el interfón. La voz de una mujer atendió.
—¡Siéntate! En la silla. —Mandó y se sentó. Lo amarré bien apretado a la silla y ella se sentó en su regazo. —Isi, ¿dónde está la caja fuerte?
—¿Qué caja fuerte, Ilana? —Estaba nervioso con el arma que ella pasaba por su cara.
—Ah, Isi, ¿la caja fuerte con el dinero? —Pidió mansita, pero su mirada era mortal.
—Ilana, no tengo caja fuerte en casa, mi dinero está en inversiones que no puedo tocar. Toma la tarjeta, hay algo en la cuenta. —Trataba de parecer calmado.
—No soy idiota, Isi. Pero te voy a dar un tiempito, voy a comer algo, estoy hambrienta. —Salió de encima de él y fue a la cocina y yo fui detrás. —¿Qué opinas?
—Puede ser que sea verdad, pero podemos buscar antes de matarlo. —Hablé y me senté.
Comimos un sándwich, el refrigerador de Isidoro estaba muy vacío, lo que era extraño, pues le gustaba lo bueno, pero no había prácticamente nada ahí. Después empezamos a revisar la casa buscando la caja fuerte, pero no estábamos encontrando.
—Isi, voy a hacer una cosita para ayudarte a recordar la caja fuerte. —Ilana abrió el pantalón de Isidoro y amarró la base de su pene con una cinta, bien apretada. No tardó en empezar a ponerse morado.
—Ilana, quita eso. No tengo una caja fuerte en casa. —Gimió después de unos minutos.
—No sé si te creo. —Lo iba a torturar, lo sabía.
Por mí solo le metería una bala en la cabeza y listo, pero Ilana quería más, tenía odio y quería desquitarse todo eso con él. Viendo aquello hasta me dio lástima de Viviane y Anabel, Ilana ya no tenía nada bueno dentro de ella, ese tiempo en la cárcel mató cualquier posibilidad de que actuara como un ser humano, ya no era más que un animal rabioso y pensé que tal vez lo mejor fuera no llevarla conmigo cuando me fuera, podría matarme mientras duermo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....