Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 983

"Anabel"

Rick hizo un gran misterio sobre la luna de miel, solo sabía que estaríamos diez días fuera, hasta mi maleta fue preparada por Melissa. Cuando salimos de la fiesta, el chofer ya esperaba para llevarnos, solo que no sabía a dónde.

—¿A dónde vamos? —Pregunté sintiendo la curiosidad consumirme.

—¡Sorpresa! —Sonrió y besó mi mano.

—Si este viaje dura más de una hora no voy a aguantar de tanta curiosidad. —Le hablé en serio y recibí su sonrisa en respuesta.

—Va a durar solo un poquito más que eso. —Me jaló más cerca y me abrazó.

El recorrido en auto no fue largo, mirando por la ventana me di cuenta de que íbamos en dirección al puerto y me puse aún más curiosa. Estaba imaginando que esta luna de miel sería en un lugar soleado, después de todo Rick amaba el sol y el calor y yo amaba ver a Rick en traje de baño con el cuerpo mojado estirado en una tumbona como si posara para una campaña publicitaria.

El auto se detuvo en el estacionamiento de la marina y sentí mi curiosidad aumentar. Salimos del auto y Rick me jaló hacia el muelle. Entre tantos barcos había uno, casi al final de esa fila, que nos esperaba. El capitán nos saludó y subimos a bordo.

—¿Vamos a pasar diez días en un barco? —Pregunté cuando me jaló hacia el sofá en la cubierta.

—No dejes que Héitor te oiga llamar al bebé de él 'un barco'. —Se rio. —Pero no, mi vida, el barco es solo el medio de transporte.

Aprovechamos el viaje de una hora y media observando las estrellas en el cielo y besándonos, haciendo planes para el futuro y diciéndonos uno al otro lo felices que estábamos. Entonces el barco atracó y me di cuenta de que me había llevado a una isla privada. Salimos del barco, y observé la casa más adelante, toda iluminada, una construcción de un piso, con paredes blancas y grandes ventanas y puertas de vidrio. El lugar parecía haber salido de un sueño.

—Pensé que podríamos pasar diez días aquí, mi vida. Solo yo, tú y nuestros bebés. —Rick me abrazó y susurró en mi oído.

—¡Esto es perfecto! —Estaba maravillada con el lugar.

—Claro que no soy irresponsable y no nos voy a aislar del continente sin un medio de transporte. El capitán se va a hospedar en la casa de huéspedes que hay del otro lado de la isla, pero vamos a tener total privacidad y podemos hasta ir a la playa sin ropa. —Bajó la voz a un susurro cuando dijo "sin ropa", haciéndome reír.

Entonces me cargó una vez más y me llevó adentro de la casa, directo a un cuarto lindo, la cama quedaba frente a una pared de vidrio que daba una vista perfecta al mar.

Cerró el espacio entre nosotros, aprisionándome por la cintura y el beso que me dio esta vez era hambriento, ansioso y posesivo. Enredé mis dedos en su cabello y correspondí con la misma ferocidad. Era como si me deseara más que en cualquier otro momento.

Me llevó a la cama y me acostó ahí. Me quitó los zapatos despacio y terminó de quitarse la camisa. Cuando se acostó sobre mí, recibí todo su calor con alegría. Mis dedos corrieron por su piel, sintiéndolo lo máximo posible. Bajó la copa del corpiño y chupó mi pezón que ya estaba endurecido y ansioso por atención y después hizo lo mismo con el otro, mientras soltaba las ligas de las medias con una destreza admirable.

Su boca bajó sobre el fino tejido del corpiño y sentí como si tocara directamente mi piel, era caliente y era delicioso. Sus manos pasaban por mi cuerpo como si me estuvieran marcando como suya definitivamente.

Entonces besó mi intimidad sobre la tanga y fue como poner fuego en mis venas. Y siguió besándome, mordisqueando, lamiendo ahí sobre el fino encaje de la tanga que parecía amplificar el placer que su boca me daba.

Después, apartó la tanga y continuó la dulce tortura que me infligía, su boca se cerró sobre mi clítoris y chupó, haciéndome gritar de placer. Su boca era caliente y suave y mis caderas cobraron vida moviéndose contra ella. Me llevó al límite y me hizo ir más allá, sentí esa sensación vertiginosa que ansiaba y entonces me sentí en caída libre, mi cuerpo se hizo pedazos en miles de trocitos de placer. Pero no se detuvo.

Siguió provocándome hasta que le supliqué por más. Entonces se detuvo, se alejó, se quitó el pantalón y los calzoncillos y vino sobre mí. Su cuerpo lindo, con todos los músculos definidos y todo ese calor delicioso, como si fuera la propia luz del sol, tocó el mío y, antes de que pudiera decir cualquier cosa, su boca cubrió la mía y su miembro rígido me invadió como si supiera exactamente lo que necesitaba.

No se molestó en quitarme la lencería, me quería con ella. Solo la apartó en los lugares correctos, así como sus manos y su boca me rozaron en los lugares correctos. Sostuvo mi muslo, levantando mi pierna en su cadera y estableció un ritmo de movimiento perfecto, que me hacía sentir cada centímetro de él dentro de mí y amplificaba esa fricción sabrosa que me dejaba al borde, a punto de derramarme y cuando se volvió casi demasiado aceleró, hasta que me hizo llegar al clímax y después alcanzó su propio orgasmo mientras yo aún sentía los temblores del placer y me contraía alrededor de él, mientras repetía en mi oído cuánto me amaba. Fue perfecto como si nuestras almas se estuvieran uniendo, fundiéndose, haciendo juramentos de amor eterno, convirtiéndonos en solo uno.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)