Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 977

"Flavio Moreno"

Esta historia de la muerte de la mamá de Anabel se había vuelto un desafío para mí. Nunca encontré nada tan peculiar. Y nunca encontré una investigación tan llena de fallas como esta. El comisario que se encargó del caso simplemente se contentó con lo que las apariencias indicaban y finalizó la investigación en menos de veinticuatro horas, dando la causa de muerte como suicidio.

Pero, conocía el sistema, sabía que como en todo lugar, como en cualquier profesión, se cometían errores, digamos que a veces manzanas podridas caían en las cajas, así como a veces pasaba que un comisario escogiera el camino más fácil durante una investigación. Y así fue, el comisario se contentó con lo que vio, el informe de la necropsia señaló la muerte por sobredosis de medicación antidepresiva y nadie reclamó, pues Antonia Lancaster realmente tenía un historial depresivo y una vida de sufrimiento al lado del marido.

Pero había algo muy mal en todo aquello. Este tipo de medicación que ella tomaba era extremadamente peligrosa, tenía que ser administrada con cautela y bajo supervisión médica, pero su tratamiento iba bien, el psiquiatra informó que no demostraba ninguna tendencia a acabar con su propia vida, que los medicamentos surtían un efecto muy positivo en ella. Pero si era así, ¿qué había pasado?

Revisé toda la investigación atentamente, me imaginé en esa escena, me puse en el lugar del comisario. La primera cosa que noté en las fotos es que Antonia usaba un labial rosa, de un rosa quemado y vi la foto del vaso que no tenía ninguna marca de labial. Podría ser uno de esos labiales que no se salen, pero ¿y si no fuera? Entonces tomé el informe pericial del vaso, que hicieron por sospechar que hubiera ingerido alcohol, pero no, no había rastro de alcohol, como no había labial, ni su ADN, así como ninguna huella digital. Y no había huella digital en ningún frasco encontrado en el suelo. Esto me dio la certeza de que había algo mal.

¿Pero por dónde debería empezar? Por el psiquiatra. Fui tras él y para mi suerte tenía los documentos de Antonia, pero necesitaría una orden judicial o podría tener problemas y, si aquello se volviera prueba, podría estar comprometida. Entonces reabrí el caso y conseguí la orden del juez. Pasé días leyendo informes y oyendo las grabaciones. ¡Cómo esa mujer fue infeliz, Dios mío! Tenía pavor de que Leonel matara a Anabel. Pero aún lo amaba, cosa más loca. Y entonces encontré la pista, sabía que Leonel tenía una amante, una que era amiga de una de las empleadas de la casa y despediría a la empleada, decidió eso un día antes de morir. Pero nunca dijo el nombre de la amante ni el nombre de la empleada.

Había llegado la hora de buscar al ama de llaves, porque seguramente sabría quién era esa empleada. Entonces fui. Paré la patrulla frente a una casita simpática, donde una señora estaba cuidando un rosal lleno de flores blancas. Había llevado a Renata conmigo, una figura femenina podría hacer a la señora más accesible, ya que vivían diciendo que yo era demasiado intimidante. Salimos de la patrulla y aplaudí. La señora se volteó y caminó hacia el portón.

—¿Sí? —Nos miró curiosa.

—¿Doña Lucía? —Pregunté.

—¡Soy yo! —Abrió el portón y salió.

—Soy el comisario Moreno, esta es la policía Renata. ¿Tiene un minutito? —Pedí y frunció el ceño. —Es que usted fue ama de llaves de los Lancaster y necesito información de una antigua empleada.

—¿Cuál empleada? —Preguntó.

—Es lo que espero que usted me diga. —Respondí y nos invitó a entrar.

—Entonces, comisario, ¿qué hizo esa empleada? —Preguntó doña Lucía después de que nos sentamos en su sala.

—En principio nada, pero debe conocer a alguien y solo quiero hacer unas preguntas. —No quería contar exactamente cuál era la situación, pues no sabía el nivel de amistad que podría existir o no entre el ama de llaves y los demás empleados.

—Todos los empleados de la casa estaban ahí hacía mucho tiempo, desde antes de que doña Antonia muriera, eran de confianza, no veo qué interés puede tener la policía en uno de ellos. —Doña Lucía especuló.

—¿Leonel mantuvo a todos los empleados de la época de la esposa? —Esto era bueno, porque Don tendría el registro de todos.

—¿Cuál es su apuesta, comisario? —Me preguntó Renata, estaba tan empeñada en este caso como yo.

—Mi apuesta es que Irina tiene que ver en esto. —Respondí y Renata pensó por un momento.

—Eso sería gracioso. —Renata se rio y la miré fijamente. —¿Eh?, comisario, ¿se olvidó de la tal Viviane, amiguita de la hija de Irina?

—¿Qué tiene una cosa que ver con la otra, Renata? —La miré sin entender.

—¿No lee la información de quien pasa por su oficina, comisario? —Renata me miró. —¡La mamá de esa tal Viviane también se llama Vanessa Silva! Me acuerdo porque me pareció gracioso las iniciales, las dos amigas tienen los nombres con las iniciales de las madres. Pero también, es un apellido común, solo que sería gracioso si esa tal Vanessa estuviera bien debajo de nuestras narices y nosotros corriendo tras ella como un perro corre tras su cola.

—¡Ah, Renata, por eso estás en mi equipo, querida! Anda, vamos tras la mamá de Viviane. —Me levanté de prisa.

—¿Crees que es la misma Vanessa? —Se levantó apurada y salió tras de mí.

—¡Estoy casi seguro!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)