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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 976

"Leonel"

Las palabras de Anabel dolieron hondo en mi alma, todo lo que quería era poder llamarla hija ahora y pedir perdón. No habría sufrimiento suficiente para mí que me hiciera pagar por el sufrimiento que le causé a ella. Pero no lograba hablar, ni siquiera lograba moverme para abrazarla o al menos tomar su mano. Pero me sorprendió otra vez y tocó mi mano, la que aún no estaba totalmente olvidada y ella apretó y cerré levemente mis dedos sobre su mano. Y siguió adelante con sus palabras.

—Papá, usted fue a mi casa y dijo que esperaba que algún día yo pudiera perdonarlo. Pues bien, estoy aquí, con mi corazón abierto para usted, para decir que lo perdoné. Todos esos días que lo visité en el hospital estaba trabajando en ese perdón y hoy estoy aquí porque lo perdoné. Y voy a estar aquí, una vez por semana vendré a verlo, puede esperarme, voy a sentarme aquí con usted y hablarle de la vida o solo sentarme y tomar su mano en silencio.

Me dio una sonrisa tan pura, tan genuina, que mi pecho se llenó de más que dolor y lamento. Sentí el amor que emanó y lamenté no poder decirle que la amaba y que la había aceptado como hija, desafortunadamente muy tarde.

—Y tengo novedades para contarle. —Habló con un leve tono de emoción y llevó mi mano hasta su vientre. —¡Estoy embarazada, de gemelos! Pronto voy a traer a sus nietos para que los conozca.

Emití un sonido de alegría al oír la noticia. Mi hija me estaba obsequiando no solo con su perdón y su amor, me estaba dando nietos, diciéndome que permitiría que conociera a sus hijos. Estaba feliz por ella, al mismo tiempo que estaba sintiendo mi corazón sangrar por no poder salir de mi prisión para abrazarla, para jugar con mis nietos, para probarle que sería digno de esa segunda oportunidad que me daba.

—Y me voy a casar, papá. El próximo sábado. Con Ricardo. Él es el amor de mi vida, el padre de mis hijos. ¿No es irónico eso? —Me preguntó con una sonrisa traviesa. —Es el hijo del hombre que usted pasó la vida odiando. Pero ellos son buenos, papá. Y él quiere venir a visitarlo. ¿Puedo traerlo, papá, cuando vuelva?

Asentí con la cabeza y traté de sonreír. Quería poder decir que estaría feliz de poder disculparme con Ricardo, que estaba feliz de que ella hubiera encontrado a un buen hombre. Quería poder decirle tantas cosas.

Se sentó a mi lado, puso la cabeza en mi hombro, tomó mi mano y miró ese jardín a mi lado, por un tiempo indefinido, pero estuvo a mi lado llena de amor, un amor del cual no era digno, pero que recibía agradecido porque ella era tan generosa.

"Anabel"

Cuando salí de ahí de ese cuarto me sentí en paz, como nunca me había sentido antes. Sentí una ola de tranquilidad y de amor apoderarse de mí. Pensé mucho antes de venir a tener esta conversación con Leonel. Entendía que el hecho de que estuviera enfermo, postrado en cama, no borraba todas las cosas malas que había hecho, no borraba todas las maldades y atrocidades que había cometido, pero no quería ser su juez, no quería ser su verdugo. Entonces pensé en todas las cosas buenas que la vida me estaba dando y me di cuenta de que era capaz de compartir, tenía mucho amor en mi corazón, tenía buena voluntad, tenía esperanza y podría compartir un poco de eso. Además, porque él fue cruel conmigo no necesitaba ser mala con él, no necesitaba devolver con la misma moneda, porque yo no era como él. Además, mi mamá me habló muchas veces que "errar es humano y perdonar es divino", no que yo sea divina, lejos de eso, era una humana con todas las fallas y vicios y cometía tantos errores como todo el mundo. Pero era alguien capaz de gestos gentiles. Podría acoger y dar un poco de gentileza para el corazón frío de Leonel. Además, el gesto de Rick para con Taís me hizo pensar, ese hombre lindo que me estaba dando su amor fue capaz de tanta generosidad y extendió la mano para ayudar a la mujer que lo traicionó, ¿por qué yo no podría ser capaz de extender la mano a mi propio padre? Rick, sin querer, me dio el mayor ejemplo y me impulsó a la decisión que tomé. Y al final de cuentas, cuando salí de ese cuarto después de visitar a Leonel, me di cuenta de que el perdón libera, no solo a quien fue perdonado, sino mucho más a quien fue capaz de perdonar. ¡Me sentía liberada, en paz y aún más feliz!

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