"Ricardo"
Era mañana de sábado finalmente y le dije que había programado un almuerzo con nuestros amigos, pero en realidad era el día que le propondría matrimonio. Cuando llegamos a la recepción, los otros ya estaban esperándonos, como si fuera solo otra mañana de sábado en el club.
—¿Dónde están los niños? —Ana preguntó mientras saludaba a todos ahí.
—Están con las niñeras, ¡porque nos vamos al spa! Nos merecemos un masaje. —Lisa respondió. —Chao, muchachos, pórtense bien.
Le di un beso a Ana y, mientras se alejaba, detuve a Melissa un minutito.
—Relájate, está todo bien. —Melissa sonrió.
—¿El club está vacío de verdad? —Pregunté.
—Solamente nosotros y los empleados. —Amplió la sonrisa por su gran logro.
—Loca, no sé cómo consigues estas cosas. —Me reí.
—Conozco a las personas correctas. —Me guiñó el ojo. —Prepárate, porque esto puede demorar.
—Está bien. Confío en ti. —Abracé a mi amiga y me volteé hacia los muchachos.
—Anda, Rick, Mel me pasó una lista de tareas, tenemos que terminar de dar los toques finales a todo. —Nando me alertó. —Tus papás y Madi van a llegar en un rato y se van a juntar con los niños en el área de la piscina. ¿Trajiste el anillo?
—En realidad, todavía tengo que buscarlo, le pedí a la joyería que hiciera una adaptación de último momento. —Respondí.
—Entonces ve ahora. Patricio, ve con él y no dejes que se atrase. —Nando daba órdenes como Mel, era el sustituto perfecto de ella, pero como decía mi mamá, 'quien vive con el diablo le salen cuernos'.
Salí del club con Patricio, todavía riéndome de Nando con su preocupación por los atrasos. No habría ningún atraso, del club hasta la joyería en el centro comercial era un trayecto corto y en una mañana de sábado, sin tráfico, sería aún más rápido, estaría de vuelta antes de que terminara el masaje de las chicas y aún tendría tiempo para un partido de tenis.
—¿Cómo te sientes, Rick? ¿Preparándote para casarte por segunda vez? —Patricio me preguntó mientras manejaba.
—Es tan diferente ahora. —Sonreí.
—¿Sin nadie diciéndote que estás haciendo una tontería? —Patricio bromeó y me reí.
—¡Eso también! Pero principalmente la forma como me siento, el motivo para estar haciendo esto, la certeza de lo que me espera en este matrimonio. —Reflexioné tanto sobre esto.
Me di cuenta de lo inmaduro que fui cuando le propuse matrimonio a Taís tantos años antes, solo porque me sentía presionado por todos lados y, en el arrebato de una pasión juvenil, me casé para que todos dejaran de presionarme y puse todo de mí en ese matrimonio, hice todo para que funcionara. Claro que tuvimos buenos momentos hasta que todo se deshizo y también, era otro hombre cuando me casé con ella, porque todo lo que viví, todas las experiencias y hasta encontrar a Anabel, me transformó.
—Te entiendo, sabes, yo también casi me caso en esa época en que te casaste con Taís. —Patricio recordó un pasado que parecía muy distante para nosotros.
—Y lo mejor que hizo por ti fue haberte abandonado. —Recordé un consejo que él mismo contó que recibió de alguien. —Sabias palabras.
—¡Así es, amigo! Ahora lo que quiero saber es si ya sabes cómo presionar a Anabel para que programe esa fecha rápido. —Patricio se rió.
—Era solo el aro de oro con unos arabescos y con el diamante redondo incrustado, pero era muy común, entonces hablé con el diseñador, le expliqué lo que Anabel significa para mí y esbozó la pieza, quedó perfecta y pedí que la cambiaran.
—¿Tiene algún significado entonces? —Patricio me miró curioso.
—Ella es el aro dorado, el todo y la luz cálida del sol, que es la unión de esos diamantes en la parte superior. Yo soy el aro plateado, sin ella soy solo la mitad en la oscuridad. Es ella quien me hace completo. Esas partes doradas que parecen sujetar el medio aro plateado, pareciendo cuerdas que lo amarran, es el amor de ella que me mantiene entero. Y aquí, el corazón, de donde viene todo esto que nos mantiene unidos. —Expliqué, él silbó y miró la inscripción dentro del aro que decía "mi muchacha bonita".
—Rick, ¡eres el mejor! Me arriesgo a decir que eres más príncipe que el príncipe de Mel. —Patricio se rió.
—No, según Mel yo soy el precioso. —Nos echamos a reír y la vendedora trató de esconder su diversión.
Cuando salimos de la joyería, solo quedaba tomar el carro y volver al club, la parte más fácil. Patricio y yo salimos corriendo y él tomó las llaves, pues yo estaba muy nervioso para manejar. Y fue mejor, porque Nando llamó y me puso aún más nervioso.
—Rick, ¿dónde están? ¡Solo les pedí que no se atrasaran! —Nando no estaba contento.
—La joyería se atrasó, Nando. Acabamos de salir. —Expliqué.
—¡Pues entonces creo que será mejor que aprendan a volar, porque ella ya está en la última pista! —Nando avisó y me desesperé.
—¡Patricio, acelera! —Pedí apenas colgué el celular.
¡Si me atrasaba, mi propuesta perfecta sería un desastre perfecto!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....