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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 970

"Ricardo"

Ya habían pasado varios días desde que Taís se fue. Mi papá me convenció de que era mejor dejarlo lidiar con eso y enfocarme en Anabel y los bebés. Me garantizó que había vuelto y que ya estaba trabajando en el lugar que consiguió para ella y que estaba tranquila y parecía que iba a aprovechar bien esa oportunidad. Eso me tranquilizó, no me perdonaría si siguiera hundiéndose y tampoco estaría cómodo con ella en esa vida. La decisión era suya, pero necesitaba hacer algo.

Leonel también ya había sido transferido al lugar que Don consiguió, ahora era totalmente dependiente de enfermeros para todo. Mientras estuvo en el hospital Anabel lo visitó diariamente, pero ahora en la casa de reposo decidió que iría solo de vez en cuando. Andaba muy molesta con la situación en que quedó. Pero, como dijo Melissa, necesitábamos seguir adelante.

Entonces, busqué a Melissa y terminamos de preparar todo para que pudiera hacer la propuesta de matrimonio el sábado. Esto debería haber pasado antes, pero con la enfermedad de Leonel decidí esperar unos días, dar espacio para que Ana absorbiera aquello. Quería que el momento en que le propusiera fuera un momento feliz y no que tuviera la sombra de un acontecimiento trágico. Pero ya era hora, tampoco quería esperar más. Estaba ansioso, pero aún era miércoles y todavía tenía que esperar.

—Estás tan callado, mi corazón. ¿Estás preocupado por algo? —Anabel preguntó cuando me encontró parado en la sala frente a la puerta que daba al jardín.

—No, muchacha bonita, está todo bien. ¿Y tú? Hemos tenido días desgastantes, ¿cómo te has sentido? —La tomé de la mano y la llevé al sofá.

—Estoy bien, estoy tranquila, nuestros bebés están bien. Y me preguntas eso todos los días. —Se rió y se acurrucó en mi regazo.

—Sí, porque me preocupo por ti todos los días. —Respondí y le di un beso en la frente.

—No quiero ser motivo de preocupación. —Hizo un puchero lindo.

—Pero no eres motivo de preocupación, me preocupo por tu bienestar. Eres motivo de mucha felicidad en mi vida, eres el motivo de que mi corazón lata fuerte y de que ande suspirando por ahí como un tonto. —Hablé y se rió.

—¡Así está mejor! —Me dio un beso y en ese exacto momento Flavio entró a la sala.

—Uy, llegué en mal momento. —Comentó y nos hizo reír.

—Nunca es mal momento para los amigos. —Respondí, pero no me levanté, tenía a mi chica en mis brazos y no quería soltarla, además, Flavio era de la casa. Entonces solo estiré la mano para saludarlo. Pero Anabel trató de levantarse y la detuve.

—Quédate tranquilita ahí, Ana. —Flavio se rió y le dio un beso en la mano, después se sentó en el sillón frente a nosotros.

—¿Quieres tomar algo, Flavio? —Anabel preguntó.

—No, Ana, gracias. Pasé rapidito solo para actualizarlos. —Flavio habló y me sentí tenso, estas actualizaciones sobre las investigaciones siempre traían recuerdos malos.

—¿Y qué pasó? —Lo miré fijamente, esperaba que no fuera nada trágico justo esta semana.

—El juicio de Ilana fue programado para el mes que viene. —Flavio empezó por lo más simple. Ya era hora de que programaran ese juicio. —Es imposible que salga impune.

—No tengo lástima, trató de matar a un hombre y echarle la culpa a Ana. Voy a tener que usar el famoso 'que pague por lo que hizo'. —Respondí.

—Ya estoy feliz solo por haberme librado de ella. —Ana respondió.

—Ana, finalizamos la investigación de tu intento de secuestro y conseguimos llegar a Leonel. —Flavio dio la noticia con sobriedad.

—Dios, eso ya hace tiempo. —Ana respondió. —¿Y cómo llegaron a él?

—Eso quiere decir que... —Ana lo miró con los ojos llorosos.

—Que alguien preparó y limpió la escena. Por eso, creo que tu mamá fue asesinada. Pero no fue por Leonel, ya verifiqué. Había viajado un día antes y solo volvió después de recibir la noticia de su muerte. —Flavio se apuró a disipar la duda que surgiría naturalmente.

—¿Y tienes alguna idea...? —Ana parecía ansiosa.

—Sí, pero todavía estoy investigando. Por lo que vi en el reporte, tú encontraste a tu mamá. —Flavio estaba sondeando.

—Sí, acababa de llegar del colegio. Don ya estudiaba afuera. Entonces Leonel viajó y nos quedamos solo nosotras dos y los empleados. —Ana explicó.

—¿Te acuerdas de ellos? —Flavio quiso saber.

—Vagamente, dejé esa casa hace mucho tiempo, pero la gobernanta probablemente se acuerda de todos. Ella controlaba todo en esa casa. —Ana respondió.

—Fue lo que me dijo Don. —Flavio pensó por un momento. —Bueno, voy a buscarla. Alguien debe saber algo y mi corazonada es que algún empleado está involucrado, nadie entraría a esa casa sin ayuda.

—Gracias, Flavio, por haber reabierto este caso. Es importante para mí. —Ana se emocionó. Sabía bien que sentía como si la mamá la hubiera abandonado cuando se suicidó.

—Quédate tranquila, vamos a encontrar la verdad. —Flavio le sonrió de una forma tranquilizadora. —Bueno, queridos, me voy, me muero de ganas de ver a la bajita y a mis bebés.

Flavio se despidió y salió, dejándonos con mucho en qué pensar. La cabecita de Ana daba vueltas, entonces la jalé de vuelta a mi regazo y la acurruqué, para que no se olvidara de que contaba conmigo. Pero, personalmente estaba aliviado, las noticias que Flavio trajo no harían imposible mi propuesta de matrimonio el sábado.

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