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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 937

"Ilana"

Ya llevaba semanas encerrada en este agujero y nadie había aparecido para visitarme. Pero siendo bien honesta conmigo misma, ni siquiera debería esperar que Irina viniera, esa no pondría los pies en este lugar a menos que fuera obligada. Estaba sentada conversando con dos mujeres que tampoco recibían visita, al menos nosotras podíamos estar en el patio el día de visita, eso era mejor que la celda. Pero entonces vi a mi mamá, casi ni pude creerlo, fui corriendo hacia ella.

—¡Viniste! —Me paré frente a ella esperando un abrazo.

—Solo porque Leonel me obligó, querida. Está ahí afuera, el abogado dijo que él no debe visitarte por ahora, por todos los procesos. —explicó.

—Claro que solo viniste porque él te obligó. —respondí sintiéndome decepcionada. —Tantas semanas ya aquí y todavía no habías aparecido, lógico que solo viniste porque el viejo te obligó.

—Mira, Ilana, ¡no hagas drama! Estoy aquí, eso es lo que importa. —replicó impaciente como siempre.

Me quedé mirándola y pensando en cómo se distinguía en ese lugar, realmente era como si estuviera fuera de contexto, no armonizaba con aquello. Y parecía afligida por salir de ahí lo más rápido posible.

—¿Cómo están las cosas allá afuera? La policía vino aquí para rehacer mis documentos. ¡Mi apellido ahora es Santos, ¿sabías?! Ya no es Lancaster. —me quejé.

—¿Y crees que el mío no cambió? Queridita, ¡derrota! Leonel perdió el apellido y está esperando sobre la tal paternidad, pero con los documentos que conseguí para él, que prueban que esa fastidiosa de Anabel está loca, va a lograr interditarla y mandarla al sanatorio. —habló fríamente y me miró. —Ahora solo explícame, Ilana, ¿para qué tratar de matar a Isidoro? Perdimos un buen apoyo. Ya te lo estabas dando de todas formas, ¿qué te costaba el sacrificio? ¡Complicaste nuestra vida!

Tenía que reconocer que mi plan fue un desastre. Me dejé llevar por la rabia. Pero también, ¿cómo iba a adivinar que esa ordinaria de Viviane me iba a traicionar? Pero tampoco necesitaba oír sermones de Irina.

—Ah, cállate, Irina. ¡La que está presa soy yo! —respondí sin paciencia. —Ah, ¿sabes qué?, ¡sal de aquí! No quieres estar aquí y yo no te quiero aquí. Anda, sal, vete.

—¡Ilana, soy tu madre! —se quejó.

—¡Una madre narcisista, solo piensas en ti misma! ¿Te diste cuenta, Irina, de que ni siquiera me diste un abrazo? —Sentí las lágrimas picándome los ojos.

—Era lo que me faltaba, que estuvieras sentimental. ¿Es síndrome premenstrual, hijita? —se burló de mí.

—¡Chau, Irina! —Le di la espalda y salí caminando lejos.

—¡Ilana, espera! —gritó y me detuve. Se acercó y me abrazó. —No soy una madre muy buena, ni muy afectuosa, pero te amo de verdad. Y tal vez seas la única criatura en el mundo que he amado. Soy así, Ilana, pero te amo, hija mía y me preocupo, solo que no quiero estar aquí.

Pasé los brazos alrededor de ella, sintiendo su agradable perfume Chanel nº 5. Reconocía la verdad en Irina y sabía que aun de esa manera tosca y sin noción me amaba.

—Yo también te amo, Irina. Y está bien, yo tampoco querría visitarme aquí. —Me reí, pero sin ninguna diversión. —Ahora vete y manda que ese abogado me traiga cigarros.

—¿Desde cuándo fumas? —preguntó.

—No fumo, pero aquí valen como dólares. —expliqué.

—¡No quiero! Necesito un baño, estoy apestando. Este lugar tiene un olor a gente amontonada que es nauseabundo. —me quejé y se rió.

—Está bien, vamos a casa. —concordó y parecía muy divertido con mi situación.

—¿Cuándo vas a poder visitarla? —pregunté mientras manejaba.

—No sé. El abogado me va a avisar. —respondió sin pensar, pero ya sabía que nunca la visitaría, si yo que era la madre no quería poner mis pies en ese lugar, imagínate él que era solo el padrastro.

—Necesitas encontrar un abogado mejor para ella. —pedí, realmente estaba pidiendo.

—Voy a buscar. ¿Habló sobre la pérdida del apellido? —preguntó.

—Está dolidísima con el egoísmo de Donaldo. —respondí simplemente. Quería matar a ese imbécil. ¿Para qué tenía que hacer eso? ¿Quitarnos los apellidos así?

—¡Me imagino! —habló simplemente y se encerró en sus pensamientos.

Después de llegar a casa fui directo al cuarto y me di un largo baño en mi tina. Ese olor a gente amontonada parecía no salir de mí. Pero sentí pena por Ilana, sentí de verdad, pero no podía hacer nada. Después del baño me acosté y dormí por el resto del día y tuve muchas pesadillas en las que era yo encerrada en ese lugar horrible, usando ese uniforme feo y de pésima calidad, con el cabello y la piel reseca. Desperté sudada y con la boca seca, miré por la ventana y ya había anochecido. Fue solo una pesadilla horrible. Ese lugar me perturbó demasiado.

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