"Donaldo Lancaster"
Hacía mucho tiempo que no me interesaba por nadie y generalmente las mujeres no me impresionaban así. Pero Adele era tan divertida, espontánea y linda que fue imposible no encantarme. La conversación fluía fácil con ella, era una mujer inteligente, de pensamiento rápido y tenía un sentido del humor agudo.
La ironía del asunto es que era una Fontes y yo podría tener problemas con su padre, el mío ciertamente se pondría colérico, pero no me importaba él. Sin embargo, me importaba lo que él podría hacerle a ella y eso me molestó, sería un camino fácil para que él me alcanzara a mí, a Ricardo y al Sr. Fontes al mismo tiempo. Necesitaba mantenerla lejos de sus ojos y oídos.
—Bueno, queridos míos, necesito irme. —Adele se levantó y me di cuenta de que ya era bastante tarde.
—Te voy a llevar a casa, Del. —Ricardo se levantó.
—Rick, no seas protector. Voy a llamar un taxi. —Se quejó.
—Está tarde, Del. —Rick se quejó y yo me atreví.
—Mira, Del, podemos ir juntos en taxi hasta el Grupo Mellendez, mi carro está ahí, después te dejo en tu casa. Y tú no te preocupes, Rick. —Ofrecí y Rick me miró como quien no creía en mi gentileza.
—¡Ah, acepto, Don! —Adele estuvo de acuerdo de inmediato. —Y podemos conversar un poco más en el camino.
—¡Me va a encantar! —Sonreí y mis ojos estaban capturados en los suyos, esos hermosos y expresivos ojos castaños adornados por lentes con marco de carey que le daban un aire de intelectual.
Pasó su mano de dedos largos y uñas bien hechas por su largo cabello negro en capas y con algunas mechas caramelo que iluminaban su rostro y se lo echó hacia atrás, su cabello le llegaba hasta la cintura y enmarcaba perfectamente su rostro fino y delicado que se teñía de un rosa pálido cuando se ponía tímida. Era hermosa, delicada y graciosa, con esa nariz afilada que combinaba perfectamente con sus labios voluminosos, pero sin exagero, apenas lo suficiente para destacarse en el rostro perfecto.
—Por supuesto que le va a encantar. —Ricardo murmuró a mi lado, un tanto gruñón, pero yo estaba demasiado interesado en su hermana para prestarle atención.
Nos despedimos de la pareja y llamamos un taxi. Salimos juntos del edificio y abrí la puerta del carro para que entrara. En el trayecto hasta el estacionamiento del Grupo Mellendez aproveché que finalmente estábamos solos para saber un poco más sobre ella.
—Entonces, Del, tu hermano parece ser medio celoso. —Me reí, recordando que Ricardo parecía medio preocupado con mi interacción con su hermana.
—¡Ah, un falso puritano! Está durmiendo con tu hermana, ¿de verdad te vas a importar por sus sentimientos? —Sonrió, era una mujer que no se intimidaba.
—Para nada. —Me reí, pero en realidad me importaba, me gustaba hacer las cosas bien. —Eres muy bonita, Adele. Y muy interesante. ¿Por casualidad tienes un novio escondido en algún lugar?
—No. Ningún novio ni nada del estilo. No tengo novio, Don. —Eso me sorprendió.
—¿Y por qué no? —Quise saber.
—¿Oportunidad de qué? ¿De llevarme a la cama? —Había cierto desdén en su voz cuando dijo aquello y no me gustó, lo que sea que hubiera pasado la hizo sufrir.
—¡No, de ser tu futuro novio! —Era mejor poner las cartas sobre la mesa de una vez.
No era el tipo de tipo que engañaba a una mujer solo para llevársela a la cama, tampoco me divertía con cualquiera. Me gustaban las relaciones serias y con potencial para durar, quería que entendiera eso.
Me miró con la boca abierta y ojos muy abiertos, tal vez la tomé por sorpresa, y siendo así, decidí sorprenderla un poco más. Me acerqué rápidamente y la besé. Tardó un segundo o dos en comprender lo que estaba haciendo, pero no se alejó. Entonces sus manos tocaron mis brazos y aceptó el beso que le daba.
Tenía los labios suaves y cálidos, y cuando su lengua tocó la mía invitándome a entrar y saborear su boca no perdí tiempo, sostuve su cabeza y la jalé hacia mi pecho. En el espacio confinado del asiento trasero de ese taxi la besé como si tomara posesión de ella y la hiciera mía. Era consciente de los ojos del taxista divididos entre el tráfico frente a él y el retrovisor que mostraba lo que pasaba en el asiento trasero y por eso no la besé como quería y por el tiempo que quería.
—¿Podemos continuar este beso en tu casa? —Hablé muy bajito en su oído.
—¡Podemos! —Estuvo de acuerdo y sentí una satisfacción crecer dentro de mí, sostuve su mano, pasando mis dedos por los nudillos de los suyos, y volví a recostarme en el asiento.
—Nena, te voy a mostrar que soy un buen tipo y que valgo la pena. —Estaba confiado de que podría probarle mi valor y empezaría no sobrepasando ninguna señal esta noche.
¿Quería besarla? Sí, mucho, más de lo que había querido besar a una mujer antes. Pero me controlaría y no me la llevaría a la cama esta noche, tampoco la provocaría sexualmente. Quería y la iba a conquistar, con romance, cariño y delicadeza. Y cuando me la llevara a la cama tendría absoluta fe en mí. Esto me iba a costar un control fenomenal, porque Adele era toda provocación en su estilo de secretaria sexy sin ser vulgar, pero le mostraría que era diferente. Y no hacía esto solo por ella, también quería estar seguro de que la hermosa Adele no partiría mi corazón, como la otra ya lo había hecho. Sabía que estaba apostando alto, podría salir de esto lastimado o podría salir muy bien, solo el tiempo podría decirlo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....