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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 851

"Ricardo"

Al final del día me fui a casa acompañado de Donaldo y Adele. Los dos parecían llevarse demasiado bien, lo que ciertamente preocuparía a mi padre y terminaría cayéndome a mí. Ya preveía un largo discurso del tipo "deberías cuidar a tu hermana menor". Pero mi hermana menor tenía veintiocho años y sabía arreglárselas muy bien.

—¿Ana? —Grité al entrar.

Donaldo y Adele se acomodaron en la sala y yo tendría que buscar a Anabel, ese penthouse era muy grande. Terminé encontrándola en el cuarto saliendo del baño y me arrepentí de haber traído a esos dos conmigo.

—¡Mi gana de llevarte de vuelta a la ducha es enorme! —La abracé y besé.

—No me voy a oponer. —Estaba riéndose.

—Desafortunadamente tenemos visitas. —Lamenté y me miró curiosa. —Tu hermano y mi hermana menor.

—¿Tu hermana? —Preguntó y no sabía si estaba sorprendida o nerviosa.

—Mi hermana. Fue contratada por Alessandro, va a ser la nueva secretaria. Conoció a tu hermano en la oficina y los dos, por lo que parece, se están llevando muy bien.

—¿Muy bien?

—Sí, demasiado bien. Vamos, ya verás. Tal vez me esté equivocando, pero... —Una idea idiota pasó por mi cabeza, pero necesitaba preguntar. —Tu hermano no se quedaría con mi hermana solo para provocar a tu padre, ¿o sí?

—No, corazón, no te preocupes. Don se toma las relaciones muy en serio. Y jamás usaría a tu hermana así, si se interesó por ella, eso no tiene nada que ver con mi padre. —Ana me tranquilizó y me quedé un poco más tranquilo, aun así creía que este acercamiento tenía el potencial de una bomba atómica.

—Me tranquiliza saberlo. Pero tampoco sé por qué me preocupo, Adele sabe cuidarse. —Debería estar preocupado por Donaldo en realidad, porque mi hermanita no era fácil.

—Hace tanto tiempo que no veo a mi hermano con nadie. —Suspiró.

—¿Mucho tiempo?

—Es como tú, Rick, no anda por ahí quedándose con mujeres al azar. Hace como dos años, tal vez un poco más, que está solo. —Anabel pareció recordar un tiempo difícil. —Fue más o menos en la misma época en que mi padre me encerró en el departamento. Don tenía una novia, parecía que las cosas iban bien, le gustaba mucho, llegó a decirme que estaba pensando en casarse, pero de repente, así de la nada, la chica terminó con él y desapareció. Se quedó destrozado.

—Como lo que me hizo Taís. —Me di cuenta de que tal vez Donaldo y yo tuviéramos mucho en común.

—Sí y no. Ella solo le dijo que quería terminar, que no lo amaba y se esfumó. Nunca más tuvimos noticias de ella. Y Don la buscó, estaba enamorado y tardó en olvidarla. Pero nunca más la encontró, fue como si se la hubiera tragado la tierra.

—¡Qué extraño! ¿Quién logra desaparecer así hoy en día? —Estaba sorprendido de que en tiempos de internet una persona lograra desaparecer.

—¡Quien no quiere ser encontrado, mi corazón! —Tenía razón.

—Raro. ¿Por qué huiría así de Don? —Me picó la curiosidad.

—No sé, pero te garantizo, mi hermano es un caballero y trata a las mujeres con respeto. No te preocupes por tu hermana. —Anabel percibió mi preocupación.

—¡Mi padre va a tener un ataque! —No pude evitar reírme.

—¡Espero que entienda que amo a su hijo! —Pasó sus brazos alrededor de mi cuello.

—No sé, tal vez necesites demostrarle al hijo que lo amas. —Bromeé con ella, que se rió y besó mi barbilla.

—No sé si ese es un buen consejo. —Ahora parecía nerviosa e insegura.

—Piensa que si ella está interesada en tu hermano, también estará preocupada por ser aceptada por ti. —Le hablé al oído y le di un beso en la cara.

—¡Ese sí es un buen consejo! —Sonrió y se levantó, fue al baño y cuando regresó su cabello ya estaba debidamente en su lugar otra vez y su ropa ya no estaba torcida en su cuerpo como la había dejado al llevarla a la cama. —¡Vamos a enfrentar a la fiera!

Me reí de su determinación, tomé su mano y fuimos a la sala. Cuando llegamos Donaldo y Adele estaban conversando muy cerquita, ella estaba sentada de lado, con las piernas cruzadas y el brazo sobre el respaldo del sofá apoyando la cabeza. Tenía una sonrisita tonta en la cara, las mejillas rosadas y los ojos brillantes.

Donaldo no parecía menos culpable de que algo estaba pasando ahí. La miraba directamente y yo conocía bien esa mirada de interés. En el momento en que llegamos a la sala él le quitaba un mechón de cabello de la cara y se lo ponía detrás de la oreja. Eso me pareció demasiado íntimo.

Todavía estaba preocupado, pues Adele tuvo un único novio y fue hace mucho tiempo, eran adolescentes cuando empezaron y estuvieron juntos por años, pero no funcionó y nunca supe por qué. Después de eso, nunca más la vi con nadie.

—¡Ejem! —Me aclaré la garganta para llamar su atención y la cara de culpa de Donaldo casi me hace reír, pero me mantuve serio. —Del, déjame presentarte a Anabel, mi novia.

Adele se levantó del sofá y se acercó a Anabel como si la examinara. Ana me apretó la mano, se estaba poniendo nerviosa.

—¿Novia? ¡Pensé que te ibas a volver monje, Ricardo! Tanto tiempo solo después de esa puta. Pero ahora conseguiste novia. —Adele estaba seria mientras hablaba, pero la conocía y vi la diversión jugar en sus ojos. —¿Una Lancaster, Ricardo? ¿En serio? ¡Tu talento para vivir un drama es admirable! ¿Primero Ana Karenina y ahora Julieta? ¡Eso sí es la vida imitando al arte! —Adele empezó a reírse y no pude contenerme y me reí junto con ella. Los hermanos Lancaster nos miraban confundidos.

—Discúlpame, Adele, ¡pero esa perra no tiene precedentes en la literatura! Ana Karenina era una pobrecita comparada con ella. —Anabel comentó y mi hermana la miró fijamente.

—¡Ricardo, me gustó Julieta! —Adele le sonrió a Anabel y la jaló para un abrazo. —Es un placer conocerte Anabel. Discúlpame la broma, pero no pierdo la oportunidad de molestar a mi hermano.

Y al final de la cena mi hermana y mi novia parecían amigas de la infancia. Estaban riéndose y burlándose de mí y de Donaldo, que no le quitaba los ojos de encima a Adele.

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