"Ricardo"
Después de que Donaldo se fue abracé a Anabel y la llevé al sofá. Había en ella una tensión, como si anticipara que la guerra se acercaba y no quisiera ir al enfrentamiento. Entendí el miedo que sentía, pero necesitaba liberarse de él o sería su rehén para siempre.
—Todo va a salir bien. Estás segura. —Le dije después de acomodarnos en el sofá.
—Quisiera tener esa certeza. Pero confío en ustedes, solo no quiero que se lastimen por mí. —Deshice con el dedo la arruguita de preocupación en su frente.
—Tu padre no puede tocarnos. Ahora cuéntame, ¿cómo estuvo tu día con las chicas? —Una sonrisa se insinuó en sus labios.
—Fueron maravillosas conmigo. Y tengo un montón de bragas nuevas, diminutas y de colores fuertes. —Me reí de su broma, pero tenía muchas ganas de ver esas bragas.
—¿Y por casualidad estás usando una de esas bragas? —Estaba muy interesado en el tema de las bragas y todo lo demás ya había sido olvidado por mi mente.
Ella se levantó del sofá y se quitó el vestido tipo camiseta que usaba por la cabeza y me lo aventó. Usaba un conjunto de un encaje fino rosa neón, el sostén era transparente y sus senos empinados eran una provocación de las más deliciosas. La braga era tan reveladora como el sostén.
—¿De cuántas pilas necesita esto para mantenerse encendido? —Bromeé al ver ese color chillante y luminoso que indicaba el camino del pecado y le quedaba deslumbrante.
—¿Vas a decir que no te gustó? —Sonrió. Claro que sabía que me había encantado. —Tal vez necesites ver la parte de atrás.
Se volteó despacio y se puso el cabello hacia adelante, dándome una vista maravillosa de su espalda y su trasero perfecto adornado con esa lencería sexy y delicada.
—¡Wow! ¿Eso es una mariposa? —Observé primero el sostén que se abrochaba atrás con una mariposa de encaje y después mis ojos bajaron a la braga y vi esa mariposa de encaje, bien sobrepuesta en la parte alta de su trasero, uniendo el hilo de la braga a las correas laterales. Era hermoso y delicado y provocador. —Y tiene lentejuelas brillantes.
Estaba casi teniendo un síncope. Esa chica todavía me provocaría un infarto con sus bragas indecentes. Me estaba mirando por encima del hombro, con la cabeza volteada hacia atrás y una sonrisita pícara jugaba en sus labios.
—¿Te gustó? —Se balanceó de un lado al otro, como si esa mariposa fuera a salir volando, y preguntó solo porque quería oír mi respuesta, pues sabía que me había encantado.
Me levanté y pasé las manos por su trasero y toqué su mariposa con la punta de los dedos. Entonces la sostuve por la cadera y la jalé contra mí, mostrándole cuánto me había gustado.
—¿Ves lo que haces, chica bonita? ¿Ves cómo me vuelves loco por ti? Me vuelvo simplemente irracional, ya no controlo ni mi cuerpo, tampoco mis pensamientos y lo que siento, es todo tuyo, me tienes completamente a tus pies. —Le hablé al oído y noté el escalofrío en su piel y la sonrisita de satisfacción en su rostro.
—Pero por supuesto, Ana, ninguna otra es mejor que tú. Ninguna otra me pone como tú me pones. Ninguna otra me hace sentir lo que siento por ti. Nunca fui tratado así, con tanto cariño, nunca fui tan querido, nunca fui consentido. Eres única, Anabel, en muchos sentidos. Y si depende de mí, vas a ser para siempre la única.
—Te amo, Ricardo, de una manera que ni sé explicar, de una manera que me deja sin aire. —Me dio un beso que me decía más que las palabras que acababa de pronunciar y mi corazón se desbordó.
—¡Mi chica bonita! ¿Cómo lograste esto? Tomaste un corazón que estaba roto y lo arreglaste, dejándolo tan nuevecito que ni tiene ninguna cicatriz. ¿Cómo, Anabel, en medio de todo el sufrimiento en que me encontraste, lograste sacarme de ahí? ¿Cómo lograste hacer que mi corazón volviera a amar? Te amo, Anabel, ¡te amo! Gracias, mi amor, por haber coloreado el mundo otra vez para mí. Por favor, no pares con lo que estás haciendo.
Las lágrimas brotaron de sus ojos y me preocupé, pero sonrió y pasó la mano por mi cabello.
—¿Tienes idea de lo feliz que me haces? —Me miró a los ojos. —Te voy a amar por el resto de la vida, Ricardo, no hay la menor posibilidad de que pare.
Fue como si sus palabras se conectaran directamente con mi corazón, latió fuerte en mi pecho y sentí una felicidad extenderse por todo mi cuerpo, como si cada terminación nerviosa en mí recibiera un impulso de placer y satisfacción. Esa mujer hermosa en mis brazos me estaba haciendo una promesa y yo sería capaz de cualquier cosa para mantenerla segura, feliz y protegida.
Sabía que todavía tendríamos días de batalla, pero me sentía preparado y fortalecido para cualquier cosa que tuviera que enfrentar. Y enfrentaría al mundo por ella. Pero empezaría esa mañana preparando mi mudanza, necesitaba llevarla pronto al departamento de Alessandro, ahí estaría segura, al menos hasta que resolviéramos sobre la casa que pretendía comprar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....