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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 844

"Anabel"

Mi día con las chicas fue increíble. ¡Me divertí tanto! Ellas me hicieron sentir parte del grupo. Me divertí mucho con sus historias. Pero yo conté la mía también y no era nada divertida. Mel me garantizó que descubriría todo lo que había pasado y quién era la chica del video.

Entré a la casa de Rick animada, había comprado algunas ropas y varias bragas de colores, además de algunos ingredientes para prepararle la cena. Fui a la cocina y encontré una caja de mini brownies y una notita tierna de él, diciendo que me extrañaba. Empecé a preparar la cena y ya estaba casi lista cuando oí que se abría la puerta del frente.

—¡Chica bonita, así me voy a malacostumbrar! —Entró a la cocina, me abrazó y me dio un beso. —¿Sabes cocinar?

—Para tu información cocino muy bien. Aprendí cuando viví afuera. —Pasé mis brazos alrededor de su cuello y me dio otro beso.

—¡Ejem! —Miré hacia la puerta y vi a mi hermano parado ahí, riéndose.

—Tenemos visita. —Rick habló antes de soltarme.

—¡Me encanta tu comida! —Donaldo habló y me envolvió en su abrazo. Mi hermano era un hombre grande y fuerte, siempre me sentía demasiado pequeña cerca de él.

—Tienes suerte, porque hay suficiente. —Me reí. —¿Cómo están las cosas, Don?

—Mal. —Suspiró. —No recomiendo que vuelvas a tu departamento por ahora ni a la empresa.

—¿Y qué voy a hacer? —Lo miré desanimada, buscando una solución para mi problema.

—¡Quedarte conmigo! —Rick pasó su brazo alrededor de mi cintura. —¿O es una idea tan mala?

—No, al contrario, pero no puedo quedarme en tu casa para siempre. —Noté que puso mala cara con mi respuesta.

—¿Quién dijo que no? —Me preguntó y me reí. ¡Era tan lindo!

—Eres tierno, pero tengo mi departamento y... —Traté de explicar.

—Y nada, Anabel. Tu hermano y yo conversamos, no es seguro. ¿Entiendes eso? —Rick estaba bastante serio y yo, mejor que ellos, entendía aquello.

—Sí, lo sé, pero... —No me dejó terminar. Con su manera cariñosa trató de convencerme.

—¿Pero qué, chica bonita? Me está gustando tanto tenerte conmigo. —Era tentador quedarme para siempre.

—A mí también me está gustando mucho quedarme contigo, pero no quiero que te canses de mí. —Revelé mi temor.

—Eso es imposible. Mira, vamos a cenar, conversar un poco y dejar que las cosas fluyan, Ana. Ve quedándote aquí conmigo y cuando me esté hartando te aviso. —Bromeó y me relajé.

—¡Eres imposible, Ricardo! Voy a poner la mesa. —Me reí y me dio otro besito antes de soltarme.

—Voy a ofrecerle una bebida a mi cuñado. —Me gustó oír eso, era como si le diera a nuestra relación un aire de algo definitivo y estable.

Tomé el mantel y fui hasta el comedor, que estaba junto a la sala. Quité el arreglo del centro de la mesa y solo entonces vi los lentes oscuros ahí. Era un modelo femenino carísimo, de marca, bonitos, pero un tanto llamativos, tenía cristales enormes y varillas doradas que se unían al marco por una medalla gigante con el símbolo de la marca. Mi madrastra tenía unos iguales que no se quitaba de la cara, una de sus extravagancias.

—Rick, estos lentes estaban sobre la mesa. —Le entregué los lentes después de arreglar la mesa.

—Ah, la pareja que vino a ver la casa, son de la mujer, se le olvidaron y no los había visto. Se los voy a entregar al corredor. —Rick explicó.

—Hace tiempo que sospechaba que esa zorra tenía un amante. —Donaldo se rió. —Mira esto, Bel, ¡nuestro padre tiene cuernos! —Donaldo empezó a carcajearse de su propia constatación. —Imagínate eso, el poderoso Leonel Lancaster, con cuernos por su esposa con un jovencito. ¡Ay, Dios mío, esto está demasiado bueno!

—No entendí por qué eso es bueno, Don. Él nunca nos va a creer.

—A nosotros no, pero a sus propios ojos sí les va a creer. —Donaldo estaba teniendo una de sus ideas descabelladas. —Rick, ¿me avisas cuando la pareja se mude?

—Claro. Eso no será problema. ¿Pero cómo estás seguro de que es tu madrastra?

—Por esto. —Donaldo volteó la varilla de los lentes mostrándonos el nombre y apellido de la dueña de los lentes grabados en la parte interna. —Necesitamos evitar que mi adorable madrastra te conozca. Por suerte tu cara no se vio en el video grabado en el Club Social ayer.

—¿Qué estás pensando hacer? —Estaba aprensiva con eso, Donaldo a veces no tenía noción del peligro.

—Yo nada, pero un "amigo anónimo" le va a contar a nuestro querido padre que tiene cuernos. Y le va a dar la dirección del nido de amor. —Me guiñó el ojo y no me estaba gustando nada de aquello.

—Estás loco, Don. No deberías meterte con esa mujer. —Le advertí. Conocía bien su maldad. Ya ni sabía cuántas veces me había dejado encerrada con hambre y sed.

—Bel, ella no vale nada y nuestro padre se la merece, pero si él se ocupa de la esposa traidora te va a dejar en paz y tendremos tiempo de poner mi plan en práctica. —Donaldo estaba confiado, pero yo no.

—¿Plan? ¿Qué plan? —Ya no entendía nada.

—Te vamos a contar. Pero después de la cena, tengo hambre. —Donaldo se levantó y caminó hacia la mesa.

—¡Eres un descarado! —Le dije y se rió.

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