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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 834

"Ricardo"

Solté a Anabel y encaré a ese hombre sin responderle. Tal vez él tampoco estuviera dispuesto a renunciar a ella. Seguramente no estaba. Era demasiado hermosa y llena de vida, inteligente, encantadora. Por supuesto que no renunciaría a ella tan fácilmente.

Entonces me di cuenta de que me estaba mirando con seriedad, pero había un brillo de diversión en sus ojos. La miró a ella y sonrió.

—¿No le hablaste de mí? —Le preguntó a Anabel y me dejó confundido.

—No, no le hablé. —Estaba riéndose y yo comenzaba a no gustarme lo que estaba pasando.

—¡Mi querido, Donaldo! —Alessandro se acercó y saludó al hombre. Ese nombre debería decirme algo. —¿Qué milagro es este? No acostumbras aparecer por aquí.

—¡Alessandro! Bueno verte. Estoy pasando un tiempo con mi hermanita. Quería arrastrarme a uno de esos bares llenos, pero la convencí de venir acá, pensé que sería más tranquilo. —El hombre respondió y entonces me di cuenta del parecido.

—¿Hermanita? —Miré a Anabel en shock.

—Estaba tratando de decírtelo. —Anabel se estaba riendo. Me volteé hacia su hermano, no había forma de estar más avergonzado, pero él se estaba riendo.

—Discúlpame por esto, pero... —Comencé a disculparme, pero me interrumpió.

—¡Qué es eso, cuñado! Creo que puedo llamarte así, porque sé que mi hermana está enamoradita de ti y ya hace mucho tiempo, entonces va a aceptar tu propuesta. No hay por qué disculparse, me gustó lo que vi, solo no necesitaba saber sobre ella estar en tu cama, fue demasiada información. —Donaldo extendió la mano y la estreché.

—Es un placer conocerte, soy Ricardo Fontes. —Me presenté formalmente.

—Donaldo Lancaster. Pero vamos a sentarnos. ¿O tienes mucha prisa por llevarte a mi hermana de aquí? —Estaba bromeando conmigo, lo sabía. Pero realmente quería salir de ahí con ella.

—Donaldo, ¿no quieres unirte a nosotros? Estamos jugando póker y Rick nos abandonó por Anabel. —Alessandro le sonrió a Ana.

—Ana, te voy a dar un consejo, no lo dejes escapar, porque cuando un hombre abandona la mesa de póker por una mujer, significa que ella es importante. —Donaldo le habló a su hermana.

—Donaldo, discúlpame por interrumpirlos, es que... —No sabía cómo explicar.

—Es que te dieron celos. Rick, te entiendo. Yo habría hecho casi lo mismo, no habría sido tan gentil como tú, habría cargado a mi mujer sobre los hombros y me la habría llevado de aquí. Pero tienes mi respeto, fuiste gentil y dejaste que la decisión fuera de ella. —Donaldo sabía exactamente lo que sentí y fue comprensivo sobre la situación.

—¿Puedo hablar ahora? —Anabel habló más alto llamando nuestra atención. —Dios mío, ¿qué pasa con los hombres? No me dejan responder.

Me reí de su carita de brava para el hermano y me encaró, poniéndose seria por primera vez desde que los interrumpí.

—Rick, ahora que sabes que él es mi hermano, ¿quieres retirar lo que dijiste o cambiar algo? —Me preguntó, mirando a mis ojos, sostuve su mirada y pasé mis brazos alrededor de ella jalándola de vuelta hacia mí.

—¡Alto ahí, señora! —Hablé más alto que la mujer. —¡Para su conocimiento, no estoy casado. No que sea de su incumbencia!

—Sí, no lo es y apuesto a que esa de ahí es la culpable de su divorcio. —La mujer parecía odiar a Ana.

—No apueste, pues la señora va a perder. Ahora déjenos en paz. —Me volteé y jalé a Anabel conmigo para salir de ahí. Estaba temblando.

—¿Paz? —La mujer soltó una risa amarga. —Nunca te voy a dejar en paz, Anabel, nunca voy a dejar que olviden la mujerzuela sin vergüenza que eres.

Hice intención de voltearme y poner a esa mujer en su lugar, pero Ana me jaló. Temblaba y lloraba.

—Sácame de aquí, por favor. —Miré alrededor y ya se había formado un grupo de personas para ver ese circo. Necesitaba sacarla de ahí, pero no podía dejar que esa mujer pensara que podría ofenderla de esa forma.

—¡Anda, vagabunda, huye como la cobarde que eres! —La mujer no paraba y me enfurecí y me volteé, manteniendo a Anabel detrás de mí.

—¡La señora está muy equivocada! Y debería darle vergüenza hacer un escándalo en un lugar como este. No se meta con Anabel o tomaré medidas legales contra la señora. —Respondí sintiendo mucha rabia porque esa mujer le hablara a Ana de esa forma.

—¡No sabes con quién te estás metiendo, cuidado, esa de ahí vale menos que una colilla de cigarro tirada en el asfalto! —La mujer destiló su veneno.

—No, señora, la señora es quien no sabe con quién se está metiendo. Anabel ya no está sola, sepa eso. Y deje de pasar vergüenza, una mujer de su edad armando escándalo, solo las mujeres vulgares hacen eso. ¡Tal vez sea la señora quien no valga una colilla de cigarro tirada en el asfalto! Si se acerca a ella otra vez la señora va a tener serios problemas legales. —Grité y di la espalda saliendo de ahí con Ana temblando en mis brazos.

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