"Ricardo"
Terminamos lo que empezamos en ese sofá y fue tan sensacional como fue en su cama. ¿Qué encanto había echado esa chica sobre mí? Nunca sentí nada tan intenso en el sexo. Era como si se moldeara a mi cuerpo y supiera exactamente cómo y qué hacer.
—¿Qué es esto? —Conjeturé aún agarrado a su cuerpo después de un orgasmo intenso y que me dejó con las piernas débiles.
—¡Si no es perfección, es algo bien cerca de eso! —Respondió aún jadeando y me reí. Pero tenía razón, el sexo que estábamos compartiendo era perfecto.
—No eres más que una chica y yo soy un hombre hecho, no debería estarme dejando llevar tan fácil así. —Terminé hablando de más y me arrepentí, tal vez hasta había arruinado ese momento, pero se rio, tan relajada, y sus manos subieron y bajaron por mi espalda, dejándome relajado.
—Hablando así, parece que eres un viejo. —Se rio una vez más y levanté mi cabeza de la curva de su cuello y la encaré.
—No diría viejo, pero un hombre llegando a la mediana edad. Mientras tú ciertamente estás lejos de ser una cuarentona. —Se rio y se movió debajo de mí.
—Tengo veintiséis. ¿Y tú?
—Dios mío, ¡realmente eres una chica! —Me reí y entrecerró los ojos. —Tengo treinta y ocho, chica bonita. Muchos años más que tú.
—¿Eso te preocupa? —Examinó mi rostro.
—Eso no. Pero hay otra cosa que me preocupa. —Su rostro se cerró. Me erguí, dando otra buena mirada al cuerpo perfecto debajo de mí. Era demasiado hermosa para mi desesperación. —¡Pero cómo voy a resistir a esto! —Le di un beso rápido en sus labios y me levanté.
Permaneció acostada, del mismo modo, apenas observándome caminar recogiendo la ropa por el suelo. Tomé su delicado vestido y lo dejé sobre el respaldo del sillón. Doblé el pantalón que usaba y lo dejé sobre el asiento del mismo sillón. Me puse mi ropa interior y tomé esa que no era más que una minúscula tira de tela naranja, la observé con una sonrisa, nunca había visto una mujer usar algo tan pequeño. Dejé esa pieza sobre mi pantalón y tomé mi camisa y se la ofrecí.
—¿No vas a ponerme mi vestido y empujarme hacia la puerta? —Bromeó, levantándose y pasando los brazos por la camisa.
—¡No voy a hacerlo! De hecho tengo la esperanza de que esta joven aún haga la alegría de este señor algunas veces más esta noche. —Sabía que se refería a la forma como salí de su apartamento la otra noche, entonces traté de llevarlo de forma relajada.
—Ah, esta joven se siente muy generosa hoy. Espero que el señor tenga más de esas píldoras que hacen que su miembro se ponga duro como una estaca por horas. —Sonrió maliciosamente, dejándome una vez más boquiabierto.
—¡Qué boquita sucia! —Le di una palmadita en el trasero y tomé las dos puntas de la camisa y comencé a cerrar los botones. Pero no me resistí y antes de terminar de cerrar la camisa mi boca se ocupó de sus senos otra vez. Eran perfectos y tentadores.
—Aún no has visto nada. —Gimió mientras daba atención a ese par insinuante y parado.
—Es mejor que pare, o nunca vas a probar mi comida. —Se rio y pareció menos interesada en mi comida y más interesada en otra cosa.
—Solo un poco más, tal vez podamos volver al sofá. —Trató de convencerme.
—No, ahora vamos a la mesa. —Hablé y sus ojos brillaron perversamente. —Ni sirve de nada, porque no va a ser eso lo que vamos a hacer en la mesa. Al menos no ahora. —Era un hipócrita, porque ahora se formaban en mi mente imágenes de ella acostada sobre la mesa y totalmente abierta mientras me hartaba en su intimidad. Tenía una buena mesa de madera, tal vez podría...
—Entonces deja que fluya, Rick, sin compromiso, sin presión, sin obligación. —La propuesta que hacían sus labios mientras los míos estaban sobre la fina piel de su cuello era tentadora.
—Amigos con beneficios. —Hablé y estuvo de acuerdo. Dejé de besarla y la encaré. —Eso significa que es solo sexo, Anabel. Un sexo jodidamente bueno, pero es solo sexo. ¿Estás en la misma sintonía aquí, Anabel?
—Sí, Rick, amigos con beneficios, apenas sexo. Jodidamente bueno. —Repitió y era hermosa hasta diciendo groserías, entonces me reí.
—Entonces vamos a dejar que fluya. —No estaba de acuerdo con ella, estaba consiguiendo lo que quería y sentí una gran satisfacción por eso.
—Ahora sobre nuestros padres, Rick...
—Ah, que se joda su pelea. Son dos hombres con edad suficiente para resolver sus propios problemas. Más aún este que parece más una riña que un problema. Pelean para ver quién tiene razón y no porque realmente tengan motivo para pelear. —No me importaba nada el hecho de que nuestros padres se detestaran.
—Que se joda su pelea. —Se rio. Cada grosería que decía era como echar un poco de gasolina al fuego que ardía dentro de mí.
—¿Sabes que eres muy hermosa para andar diciendo groserías? Pero me gusta, me gusta escuchar cosas obscenas saliendo de esa boquita perfecta. —Le di un beso.
—Bueno entonces prepárate, porque sé muchas. —Se rio y me devolvió el beso. Estaba casi empujando las copas en la mesa y tirándola ahí, pero levantó la cabeza y me encaró.
—Ahora vamos a derribar el último elefante, antes de que hagas la gentileza de tirarme en esa mesa. —Sabía exactamente lo que quería, tirarla en esa mesa. En realidad no me importaba nada el tercer elefante en la sala, para mí ni siquiera existía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....