"Lisandra"
Patricio no había quedado muy satisfecho con el hecho de que hubiera conversado con Virginia el día anterior. Dijo que estaba preocupado de que ella lograra arruinar nuestra relación, pero le aseguré que no lo conseguiría. Y no lo conseguiría, principalmente ahora que sabía que me amaba. Después del trabajo fuimos a su casa otra vez y dormimos en su cama, lo que significaba mucho después de todo.
Pero después de la conversación con Rick me había quedado con la duda, aquello parecía tener sentido de alguna manera. Manu y yo conversamos con Melissa y ella dijo que resolvería eso para nosotras. Se las arreglaría para descubrir qué estaba pasando.
—¿Ya regresaste del momento chisme, mi dulce? —Patricio salió de su oficina apenas me senté y me reí.
—Olvidé que a mi jefe le gusta verme en mi escritorio. —bromeé con él, que sonrió.
—En realidad prefiere verte en el suyo. —me dio un beso mientras me reía—. Voy a encontrarme con un cliente en el club y solo regreso después del almuerzo. ¿Te vas a mantener lejos de problemas?
—¡Voy a intentar! —bromeé y él suspiró.
—¡Contrólate! —me dio otro beso y se fue.
Me volví a mi trabajo y la mañana pasó volando. Ya era casi hora del almuerzo y había quedado con Manu en pedir comida aquí en la oficina, no quería toparme con tal Virginia otra vez. Pero parece que, en la vida, los problemas nunca vienen solos y tendría más que Virginia para preocuparme. Estaba muy ocupada y el teléfono sobre mi escritorio sonó.
—Lisa, hay un Guilherme Pontes aquí que quiere verte. —Manu habló del otro lado de la línea y sentí que se me drenaba la sangre del cuerpo.
—¿Quién, Manu? —pregunté con la esperanza de haber escuchado mal.
—Guilherme Pontes. —Manu bajó la voz y habló casi en un susurro—. Curioso, no recuerdo dónde ya escuché ese nombre.
—¡Es él, Manu! —me puse nerviosa. Todo lo que me faltaba era que ese estúpido empezara a molestarme otra vez.
—¿Él quién? —preguntó Manu.
—El novio que mi madre me había conseguido hace un tiempo. —expliqué.
—¡Entonces lo voy a mandar a volar, Lisa! —Manu se puso seria de repente.
—No, yo misma lo voy a hacer. —respondí y colgué el teléfono.
Salí a la recepción y él estaba de pie ahí, observando el cuadro en la pared lateral, de espaldas a mí. Era un hombre alto, del tipo que pasaba demasiado tiempo en el gimnasio, pero se olvidaba de hacer otra cosa además de ejercitar brazos, y con ese cabello rubio y ojos azules parecía un personaje gracioso de caricatura. Pero no tenía nada más de gracioso, era un estúpido que pensaba que podía forzar a una mujer a hacer lo que él quisiera. Tomé valor y hablé.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté tratando de mantener la voz firme. Se volteó y sonrió. Ese hombre me daba escalofríos.
—¡Mi querida Lisa! —abrió los brazos y caminó en mi dirección. Di un paso hacia atrás—. Ay, mi amor, ¿no le vas a dar un besito a tu hombre?
—¡No te acerques, Guilherme! —advertí.
—¡Ah, qué es eso, Lisa! Anda, salúdame como debe ser. Vine desde Campanario solo para verte. —actuaba como si fuéramos muy cercanos y yo no hubiera dejado bien claro, varias veces, que lo odiaba.
Guilherme siempre fue así, frío, malvado, egoísta, entre muchas cosas más. Tenía miedo de quedarme sola con él, pero ahí, estando solo Manu y yo, tendría que ceder para evitar que se volviera contra Manu. Y ya estaba a punto de ir con él, cuando el elevador se abrió y aparecieron dos guardias de seguridad. Respiré aliviada.
—¡Señor, por favor, suelte a la señorita y acompáñenos! —uno de los guardias habló con una voz de autoridad que cualquiera obedecería.
Guilherme me lanzó una mirada helada y me soltó, poniendo las manos hacia arriba y bajándolas, como diciéndoles a los guardias que estaba haciendo lo que decían. Pero antes de voltearse y salir de ahí me dio una advertencia:
—Vamos a conversar, Lisandra, y vas a honrar la palabra de tu madre.
Con eso me dio la espalda y fue acompañado hacia afuera por los guardias. Pero solo después de que el elevador cerró las puertas volví a respirar.
—Manu, ¿tú autorizaste su entrada? —pregunté, pues solo personas autorizadas podían entrar al edificio, ahí no existía visita sorpresa o visitantes indeseados.
—No, Lisa. Y voy a tener que reportar esto a Alessandro, para que verifique qué pasó. Alguien lo dejó entrar, pero cómo y por qué no lo sé. —me informó Manu.
—Manu, preferiría que nadie supiera de esto. —pedí.
—Es imposible, Lisa. Este tipo de cosa es una falla grave en la seguridad, no puedo ocultárselo a Alessandro. Además, le voy a contar a tu hermano, ese tipo me dio escalofríos y creo que es mejor que Flavio resuelva esto. Y también deberías contarle a Patricio. —Manu tenía razón y suspiré derrotada.
—¡Maldición! ¡Tienes razón! —estuve de acuerdo con ella—. Vamos a almorzar aquí mismo, ¿verdad?
—Después de esa visitita, ¡por supuesto! Ya hice el pedido, en un ratito llega nuestro almuerzo. —respondió y regresé a mi oficina, pero estaba demasiado preocupada para trabajar. ¿Qué quería ese loco conmigo? ¿Por qué no podía dejarme en paz? Sí, sería mejor que mi hermano lo pusiera a correr.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....