"Lisandra"
Cuando Melissa se fue ya habíamos combinado todo para el día siguiente. Regresé a mi escritorio y todavía tardó un poco para que Patricio volviera a su oficina y cuando regresó parecía diferente, estaba muy serio, casi ceñudo.
—¡Señorita Lisandra, en mi oficina ahora! —Habló con un tono de quien parecía estar irritado.
Me sobresalté y me acordé del día en que regresó de viaje y descubrió quién era yo. ¿Pero qué le dio a este hombre? ¿Por qué estaba irritado ahora? Me levanté un tanto vacilante y fui hacia la puerta que él sostenía abierta para mí. Antes de entrar lo enfrenté, pero sus ojos no revelaban nada.
—Patricio, ¿qué...? —Me interrumpió.
—Es Sr. Guzmán para usted. —Pasó junto a mí y se sentó en su silla. Estaba temblando y empezando a preocuparme por lo que había pasado para que estuviera actuando así.
—Señorita Lisandra, por favor, acérquese. —Habló y caminé hacia su escritorio, estaba a punto de sentarme en una de las sillas frente a él, pero me lo impidió.
—No dije que se sentara. Dije que se acercara. —Su mirada era seria y su rostro estaba impasible.
—Sr. Guzmán, ¿qué pasó? —Me atreví a preguntar, pues ni imaginaba qué lo podría haber irritado.
—Acérquese, quiero que vea este reporte en mi pantalla. —Me acerqué, me quedé al lado de su silla y me agaché para mirar la pantalla de su computadora. El reporte que estaba abierto ya lo había revisado y corregido, sabía bien de qué se trataba y sabía que no había ningún error en él.
—Sr. Guzmán, yo...
—¡No dije que hablara, señorita Lisandra! —Estaba grave y serio y yo estaba completamente sin entender lo que estaba pasando—. Mire aquí.
Señaló un punto en el centro del documento y empecé a leer, pero todavía no entendía el problema. De repente, sentí su mano tocar mi pierna, justo detrás de mi rodilla y empezar a subir. Inmediatamente mi cuerpo reaccionó a su toque caliente. Se me puso la piel de gallina y me volteé para mirarlo.
—Lea el documento, señorita Lisandra. —Insistió y siguió subiendo su mano.
—Pat...
—Ah ah ah... Sr. Guzmán. —Me corrigió antes de que pronunciara su nombre—. Sabe, señorita Lisandra, me enteré de que usted andaba a besos con su noviecito aquí en mi oficina.
Solo entonces me di cuenta de lo que estaba pasando y respiré aliviada. Quería jugar y no iba a huir del juego. Reprimí una sonrisa y me controlé para parecer seria y convincente.
—¿Sabe qué pasa, Sr. Guzmán?, mi novio necesitaba besos. ¡Pero le dije que a usted no le gustaría eso! —Respondí y lo miré por el rabillo del ojo.
—¿Y qué le dijo, señorita Lisandra? —Su mano subió por mi muslo y me hizo separar las piernas para que pudiera continuar su ascenso.
—Que mi jefe estaba amenazando con agarrarme sobre este escritorio.
—Y usted quiere que la agarre sobre este escritorio, señorita Lisandra. Ni necesita responder. —Sentí sus dedos rozar mi pantaleta y meterse debajo de ella.
—¡Ah! —Solté un gemido bajo mientras él pasaba delicadamente sus dedos por mi clítoris.
—¿Sabe qué creo, señorita Lisandra? Creo que usted quiere mucho que la castigue sobre este escritorio.
—¡Creo que me lo merezco, Sr. Guzmán! —Realmente me estaba castigando, sus dedos rozando mi intimidad, dejándome en suspenso.
—¿Sr. Guzmán? —Llamé en agonía.
—Sí, señorita Lisandra. —Respondió en mi oído.
—Necesito más.
Me dio un beso en el hombro y se irguió, me sostuvo por la cintura para que no me moviera y empezó a entrar y salir de mí cada vez más rápido, dejándome en éxtasis, dándome exactamente lo que necesitaba, hasta que alcancé mi clímax, de manera alucinante, como si una avalancha tomara mi cuerpo. Mientras todavía sentía mi cuerpo contraerse, Patricio dio una última embestida profunda y con un gemido ahogado alcanzó su propio clímax y se inclinó sobre mí, mientras me llenaba con su esencia.
—Mi dulce, me dejas sin aliento, literalmente. —Me reí y me dio un beso en el hombro—. ¡Gracias!
—¿Por qué? —No había entendido su agradecimiento.
—Por estar conmigo. Por quererme. Por amarme y aceptarme como soy y como estoy. —Lo miré y percibí una leve sonrisa dibujándose en sus labios—. Quédate quietita.
Se levantó, fue hasta su baño privado y regresó con una toalla húmeda. Me limpió, me puso la pantaleta y después acomodó mi falda en su lugar. Después, llevó la toalla de vuelta al baño y volvió a sentarse en su silla, jalándome a su regazo.
—Quédate aquí un ratito. —Pidió y me acurruqué en su pecho—. ¡Tu jefe realmente te agarró sobre su escritorio! —Bromeó y me reí.
—¡Ay, pero está guapísimo! ¡Y muy rico! —Pasé la mano por su pecho y sentí su buen olor, su perfume era algo como madera y lavanda y mezclado con su piel tenía un toque medio picante, era delicioso y caliente.
—¡Qué bueno que pienses eso! —Se rio y besó mi cabello.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....