"Rafael"
Esa mañana cuando las chicas aparecieron no me sorprendí con el cambio de planes, ya imaginaba que estaban armando alguna sorpresa para Hana. Y adoré las fotos que Rubia había hecho esa mañana, mostraban cuánto Hana estaba confiada y poderosa y eso la dejaba aún más irresistible.
Lo que no esperaba era que los padrinos decidieran cambiar mis planes también y me llevaran para un día del novio con derecho a masaje, barba y cabello, tratamientos de SPA y un tiempo muy divertido en una mesa de póker con los chicos.
Al final del día, cuando volví al apartamento, Rubens y Anderson me ayudaron a prepararme. Anderson se había vuelto el sustituto oficial de Rubia durante todo el día, tomó varias fotos, de las cosas más ridículas hasta momentos que mi loca iba a adorar ver.
—¿Está listo, jefe? —Anderson apareció en mi vestidor y tomó otra foto.
—¿Qué opinas? —Me volví hacia él y sonreí a la cámara.
—¡Está guapísimo en ese traje negro de tres piezas! —Sonrió y me evaluó de arriba abajo—. Falta una cosa.
—No falta nada, muchacho! ¡Si me pongo algo más, va a estar sobrando!
—¡Falta esto! —Me entregó una bolsita y fruncí las cejas—. ¡Regalo de la novia!
Abrí una gran sonrisa y saqué de adentro una tarjeta y una cajita. Saqué la tarjeta del sobre y leí lo que había escrito:
"Rafa, transformaste mi vida. Me haces sentir sexy, linda, deseada, amada, segura. Sé que nunca más caminaré sola, tus brazos son mi refugio y tu corazón mi hogar. Nuestra historia ya comenzó. Siempre estaré a tu lado y te elegiré todos los días, por el resto de nuestras vidas. ¡Te amo! Hana"
La emoción estaba casi desbordando en mis ojos, entonces abrí la caja y vi el reloj dentro. Era un reloj muy bonito y Anderson me indicó que debía voltearlo. Había mandado grabar en la parte de atrás "cuento las horas para poder verte". Apreté los ojos con los dedos y respiré profundo. Me quité el reloj de la muñeca y me puse el reloj que ella me envió.
—¡Ahora está listo! —Anderson sonrió.
—Y entonces, novio, ¿listo para decir sí? —Rubens apareció todo elegante en el vestidor.
—Estoy listo desde el día que mi loca apareció en el bar y la saqué de los brazos de ese bandido. —Sonreí.
—¡Y ven a decirme eso a mí, que vi exactamente cómo la mirabas! —Rubens rió—. Estoy muy feliz por ustedes dos. Los dos lo merecen, ¡pero Nana lo merece más! —Rió y me dio un abrazo.
—¡Llegué! ¡Llegué! —Boris entró al vestidor corriendo.
—¡Estás atrasado! —Anderson le reclamó y él abrió una gran sonrisa.
—Disculpa, pero Rai me mandó una foto y ¡wooow! —Sonrió con los ojos soñadores—. ¡Hana está haciendo escuela! Necesité llamar a Rai y terminamos teniendo un momento...
—¡Basta, Boris! No necesito ese tipo de información sobre mi suegra. —Anderson respondió enfurruñado.
—Ah, guapito, tal vez un día experimentes lo que es recibir una foto de tu amada en trajes menores! —Boris pasó el brazo por los hombros de Anderson que bufó.
—Espero que sea un día bien distante, ¿eh, Boris? —Reí y me volví hacia Anderson—. Solo recuerda no contarme, ¡muchacho! —Se le pusieron las mejillas rojas—. Espera, ¿ella...? No, ¡no me cuentes! —Me volví hacia el espejo y traté de pensar en otra cosa.
—Solo te digo que yo también recibí una foto de Rubia en trajes menores... —Rubens murmuró y me volví de nuevo hacia Anderson.
—¡Los espero en la sala! —Anderson salió rapidito del vestidor y los otros dos se quedaron riendo.
—Olvida eso, Rafa! ¿Listo para ir? —Rubens preguntó.
—Ah, pues sí, ¡esta niña no me dio paz hasta que vine con ella, ni siquiera vi a Hana de novia todavía! —Arlete se quejó.
—Ah, disculpa, Arlete, pero te necesito también. —Hablé y ella me miró sin entender—. Arlete, me conoces desde siempre, pasé mucho tiempo en tu casa, ya me jalaste las orejas muchas veces.
—Rafa, ya tuvimos nuestras diferencias, ¿verdad? Pero sabe, hijo mío, que me gustas mucho, incluso cuando intento imponer mi voluntad sobre la tuya! Es decir, eso fue antes, cuando todavía necesitábamos educar a Gigi, pero ahora está ahí, esa jovencita, ya andando por su propia voluntad.
—Pues sí. Pero valió la pena cada paso del camino, Arlete. Y yo también te quiero mucho, incluso cuando intentes meterte en todo e imponer tu voluntad. —Reí y ella hizo un puchero y movió la cabeza—. Arlete, mi madre se fue muy temprano y tú estuviste presente en momentos que necesitaba una madre. Eres como una madre para mí.
—Ah, hijo mío, ¡así me vas a hacer llorar! Siempre te consideré un hijo.
—Lo sé, por eso quiero pedirte algo muy especial. Quiero pedirte que me acompañes hasta el altar.
—Ah, ¡no bromees! —Me miró seria—. ¿De verdad? ¿Quieres que entre contigo?
—¡Me haría muy feliz! —Aseguré y ella me abrazó con los ojos llorosos.
—Ah, pues me hace muy feliz y me deja muy orgullosa! Ay, ¡qué emoción! ¡No esperaba esto! ¡Será un placer querido!
Y fue en ese momento que Adèle entró a la oficina radiante en su vestido magenta.
—¡Es la hora, psicogato! —Se detuvo frente a mí y sonrió—. ¡Fiu-fiu! ¡Nana va a pasarla bien hoy!
Solté una carcajada, porque Adèle era medio como Giovana y decía lo que tenía en la cabeza a veces. Y eso me hizo relajar un poco. Entonces di otro beso a Giovana y ofrecí el brazo a Arlete, mientras el fotógrafo auxiliar que Rubia había contratado tomaba algunas fotos. Estaba listo para casarme.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....