Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1263

"Giovana"

Pero mira qué astuto era mi papá, haciéndose el correcto, que hizo todo en su debido tiempo, y resulta que no solo dio su primer beso a los trece años, sino que fue con mi tía y después le dio el primer beso a mi mamá y ahora estaban todos sentados ahí en la misma sala como buenos amigos. ¡Ah, lo llamé hipócrita y con razón!

—¡Cuida esa boca, Giovana! —Advirtió un poco incómodo, pero yo lo que quería preguntar era cómo se corrige a un hijo cuando tiene la razón, ¿dónde está la justicia en eso?

—¡Ay, papá, ya basta! —Entrecerré los ojos mirándolo, pero me estaba divirtiendo con la información que había conseguido. —Anda, tía Rub, cuéntalo todo, ¿cómo estuvo ese chisme?

—¡Ay, Dios mío! Rafa, ya estuvo, cariño, el que se arrodilla tiene que rezar! —Mi mamá soltó una risita. —Es una historia ridícula, algún día se iba a enterar.

—¡Podríamos habernos llevado esto a la tumba! —Se quejó mi papá.

—Ah, pero de ninguna manera, ¡yo no voy a perder la oportunidad de contar que besabas horrible! —Bromeó mi tía y mi papá puso los ojos en blanco.

—Más te vale no reírte, pececito dorado! —Le advirtió mi papá a Anderson, que intentó ocultar el rostro.

—Es así, Gi, siempre fuimos amigos y cuando tu papá y yo teníamos trece años acordamos besarnos, porque algunos compañeritos ya andaban dándose besitos y nosotros queríamos saber cómo era y no queríamos pasar vergüenza con nuestros pretendientes de la escuela. —Mi tía empezó a contar, la cosa solo empeoraba.

—Creo que me están dando celos, llorón! —Bromeó el tío Rubens y mi tía le dio un beso en la mejilla.

—¡Ay, lindura hermosa, no seas tonto! Eso fue hace mucho tiempo y Rafa era un flacucho sin atractivos, que solo buscaba problemas. —Contó mi tía haciéndonos reír un poco más. Ella sabía contar una historia.

—¿Vas a desacreditarme por mucho tiempo más, Rub? —Preguntó mi papá contrariado y mi tía se rio.

—¡Ay, Rafa, nadie nace sabiendo, ni siquiera tú! Entonces, nos besamos, así, hicimos un acuerdo y nos miramos el uno al otro y él dijo "bueno, entonces vamos a ver cómo es esto del beso". Nos besamos, con los ojos abiertos, tratando de entender y cuando nos separamos estábamos haciendo muecas como si hubiéramos chupado limón. Fue tan malo que no volví a besar hasta que tuve dieciocho. Ahí sí estuvo bueno.

—Pero, tía, ¿y lo de la naranja, no practicaste? —Pregunté y ella se rio.

—¡Eso no funciona! —Respondió, pero pensó un poco. —O no supe hacerlo. Pero no funcionó muy bien.

—¡Tu turno, mamá! —Me volteé para enfrentar a mi mamá, siempre más reservada que mi tía, siempre seria.

—Ay, hija... —Chasqueó la lengua y miró a mi papá, como pidiendo disculpas. —Como dije, tu tía me obligaba a hacer todo lo que ella hacía. Después de que ellos se besaron me quedé curiosa, pero tu tía decidió que diez años era muy temprano, ¡realmente lo era! Pero entonces tu tía hizo que tu papá prometiera besarme cuando cumpliera trece para que yo aprendiera.

—Para entonces él ya tenía dieciséis, Rai tuvo suerte porque él practicó. Y estaba más interesante, ya había empezado en la escuela de lucha. —Intervino mi tía para contar el chisme completo.

—¿Lista, Giovana? ¿Cerrada la encuesta de la vergüenza? ¿Podemos ponerle punto final a este tema del beso? —Preguntó mi papá todo tieso.

—Ah, sí, papá, la encuesta del beso está cerrada. Ahora voy a empezar a preguntar cuántos novios tuvieron. —Avisé y mi papá casi le dio un síncope.

—¡Giovana, basta de encuestas! —Me reprendió mi papá y yo empecé a reírme.

—Relájate papá, no voy a preguntar más nada de tu vida amorosa, lo que ya sé es suficiente para que necesite años de terapia! ¡Pero estoy haciendo unos cálculos aquí y, por la regla de tres, nueve de menos, puedo empezar a besar mañana mismo! —Bromeé y él sacudió la cabeza.

—¡Eres un monstruito, Gi! ¡Y eres pésima en matemáticas! ¿Desde cuándo la regla de tres tiene algo que ver con la prueba del nueve? —Preguntó mi papá y yo empecé a reírme. —Ahora te aviso una cosa, si Hana se enoja conmigo por culpa de tu investigación tu castigo se va a alargar. —Me advirtió mi papá y miré a Hana.

—Quédate tranquila, Gi, tu castigo no se va a alargar. —Se rio Hana y luego lo miró a él. —¿En serio que no sabías besar, psicogato?

—¡Uy, Hana, era pésimo! —Confirmó la tía Rub y nos reímos, menos mi papá, que la estaba mirando sin creer que hubiera contado.

—¡Menos mal que ya no lo es! —Bromeó Hana, arrancándole una sonrisa a mi papá. —¡Ahora, todos a lavarse las manos, porque la cena está lista! —Avisó Hana y por el olor parecía muy buena.

Me estaba sintiendo verdaderamente feliz de estar ahí, con mi familia y los recién llegados. Era tan cómodo y tan divertido. Me estaba sintiendo otra vez en casa y amada. Quería que fuera siempre así, que estuviéramos siempre juntos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)