Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1262

"Giovana"

Intenté contener mi ansiedad para que mi papá no empezara a hacer demasiadas preguntas, pero desde el momento en que Anderson dijo que encontraría la respuesta en mi cuaderno de matemáticas estaba ansiosa por llegar a casa y ver qué iba a encontrar. Quería tanto que me esperara.

Solo que cuando llegué a mi cuarto vi que mi mochila no estaba ahí, entonces me acordé de que con toda la carrera que fue cuando llegamos a casa después de la escuela, debería haberse quedado en la sala.

—Anderson, mi mochila no está aquí. —Hablé y sonrió.

—Mi culpa, la dejé en la sala, fierecita. —Me miró con un brillo en los ojos. —¿Estás tan ansiosa por empezar a estudiar?

—Tengo mucha materia que poner al día. —Respondí y soltó una risita.

—Descansa un poco, fierecita, el día fue cansado. —Me aconsejó, pero quería ver ya mi cuaderno.

—¡Ay, Anderson, tráemela! —Pedí y rio.

—Te la traigo, pero después, tu papá está conversando con Hana y no quiero interrumpir. —Avisó.

—¡Pero necesito estudiar! —Me quejé y rio.

—Estuve en ese salón de clases contigo toda la mañana, sé muy bien lo que tienes que estudiar y sé que no necesito interrumpir a mi jefe por tu mochila. —Bromeó, sabía bien lo que quería y estaba prolongando mi tormento.

—¡Eres malo! —Hice un puchero y rio.

—No, solo estoy disfrutando ver lo curiosa que eres. —Bromeó.

—Ah, ¿sabes qué?, ¡me voy a bañar! —Me volteé, pero estaba todo chistoso.

—¡Mira, se acabó la huelga de baños! —Bromeó con esa risita linda.

—¡Es que a algunas personas les gusta mi olor a algodón de azúcar! —Respondí y fui hacia el baño, dejándolo del lado de afuera de la puerta, pero todavía escuchando su suspiro.

—Me gusta, fierecita, ¡me gusta mucho! —Respondió antes de que desapareciera por la puerta.

Cuando salí del baño, mi mochila estaba sobre mi silla y miré hacia la puerta animada. Quería agradecer, pero cuando llegué a la puerta quien estaba del lado de afuera era el tío Rubens. Me quedé un poquito decepcionada.

—Ah, no, ¡así me ofendo! —El tío Rubens habló y lo encaré confundida. —Sé que prefieres al gracioso, ¡pero no necesitas ponerte triste porque esté aquí, verdad!

—Ay, tío, ¡qué tonto! —Reí medio avergonzada.

—Solo fue a bañarse, ¡niña bonita! Ya viene. —El tío Rubens comentó.

—Tío, ¿se conocen hace mucho tiempo? —Resolví preguntar.

—Mucho. Conozco a toda la familia, fui amigo de su papá. Te van a gustar, son excelentes personas. —Me habló y llegué a donde quería.

—¿Y será que les voy a gustar? —Pregunté medio con la cabeza baja.

—Ay, tía, ¡qué ridículo! ¡Nadie besa una naranja! —Hablé riendo.

—¡Ah, sí se besa, eh! —Mi mamá corrió en auxilio de mi tía. —Pelas la naranja, haces el corte de la tapa como si fuera un prisma, ¿sabes cómo es? Entonces la pones en la boca y metes la lengua en el agujero y besas la naranja. El mío también fue en la naranja a los doce porque tu tía me obligaba a hacer todo lo que ella hacía.

—¿Necesitabas enseñar eso, Raísa? —Mi papá preguntó. —Nunca pensé que estaría feliz de que sea pésima en matemáticas y probablemente no sepa qué es un prisma.

—¡Conozco las figuras geométricas, papá! —Respondí a su provocación. —Tía, quiero saber de tu primer beso con un chico de verdad. —Insistí.

—Ah, ¿sabes qué, Rafa?, ¡no sirve de nada hacerte el puritano! Voy a contar. Hana, lindito, discúlpenme, pero era una adolescente idiota. —Mi tía estaba haciendo un introito demasiado grande para algo muy simple.

—Tenía trece años, Gi, y fue horrible, porque el chico no sabía besar y fue lo más desgarbado que hice en mi vida. —Mi tía contó y reí.

—Ay, papá, hasta parece que mi tía y tú dieron el primer beso juntos. —Bromeé y reí, pero me quedé seria en el momento en que vi la cara de mi tía y mi papá resoplando.

—¿Tenías que contar, Rub? —Mi papá se quejó.

—Espera, ¿diste el primer beso con mi tía y embarazaste a mi mamá? ¿Y son amigos tipo casi de la cuna? —Pregunté confundida. —¿Qué tipo de personas locas son ustedes?

Mientras Hana, el tío Rubens, Anderson y yo reíamos, mi papá, mi mamá y mi tía se ponían aún más nerviosos.

—Solo falta que hayas dado el primer beso con mi papá también, mamá. —Bromeé y se pusieron más tensos. —¡Ay, Dios mío! ¡Son unos grandes hipócritas!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)