Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1078

"Melissa"

Estaba viviendo un momento con el cual había soñado muchas veces, pero ni en mis sueños había sido tan perfecto. Cada pequeño detalle de todo lo que Fernando hizo fue un catalizador de emoción. Tal vez, después de esto, nunca más lloraría, porque lloré tanto que debería haber dañado mis canales lagrimales. Pero mi prometido parecía determinado a probar mis límites emocionales. Cuando nos despedimos de los últimos invitados Fernando me abrazó y me llevó adentro de la casa.

—¿Quieres conocer la casa ahora? —Preguntó.

—Pensé que nunca ibas a preguntar. Estoy ansiosa por eso. —Respondí sintiendo un hormigueo de contentamiento cosquilleando mi cuerpo.

—¡Ven! Vamos a empezar por el piso de arriba. —Me fue llevando hacia la escalera.

La casa era muy grande, tenía varios cuartos, muchas ventanas que permitían la entrada de mucha luz natural. Era hermosa, moderna y cómoda. Mi cabeza estaba dando vueltas, pensando en todas las posibilidades de decoración que esa casa me daba.

—Y entonces, ¿cuándo crees que podremos mudarnos acá? —Me preguntó cuando terminamos de ver la casa.

—Después de la boda, con certeza. —Respondí animada, ya pensando en pedirle a Sam que me ayudara con la decoración.

—Mel, no quiero volver más al apartamento. —Se paró frente a mí.

—¿Cómo que no, Fernando? ¡Vivimos ahí! —Lo miré como si se estuviera volviendo loco.

—Sí, pero no es seguro y estoy preocupado, principalmente después de esa nota de ayer. Quiero que estén a salvo. —Puso la mano en mi vientre y sonrió.

Contra eso no podría argumentar, solo con ese gesto de poner la mano sobre mi vientre tan afectuosamente ya era suficiente para que consiguiera lo que quisiera de mí.

—¡Sí, eso fue extraño! ¿Qué sugieres, entonces? —Pregunté.

—Ya hablé con Alessandro, su ático es muy seguro. Nos vamos a quedar ahí hasta la boda. Si estás de acuerdo. —De repente estaba súper protector y parecía estar pensando en todo.

—Sí, Rick y Anabel se quedaron ahí también, funcionó. Está bien. —Estuve de acuerdo, era tontería empeñarme en quedarnos una semana más en nuestro apartamento, hasta porque yo también estaba recelosa desde la visitita indeseada de tal Domani.

—¡Mira! Qué linda, tan dócil, aceptando las cosas fácilmente. —Bromeó y me reí.

—No te acostumbres a esto, es solo porque hoy te lo mereces. —Estaba feliz y no haría problema con nada esta noche.

—Bueno, ya que me lo merezco, voy a aprovechar. —Me abrazó. —Vamos, tengo otra sorpresa. Preparé una noche muy especial para nosotros dos. Y no me preguntes nada, es sorpresa y verás cuando lleguemos.

No dijo una palabra mientras manejó fuera de los límites de la ciudad, solo sonreía y acariciaba mi mano. Cuando finalmente llegamos, estábamos en un hotel muy bonito.

—Recomendación de Flavio, a él y a Manu les gusta bastante aquí. —Explicó.

Hicimos el check in y por supuesto que Fernando había hecho una maleta para mí, ya ni me sorprendió, dado el nivel de atención de él con todo esta noche.

El hotel tenía cabañas y fuimos a una de ellas, estaba toda decorada con velas y pétalos de rosas, era una reproducción de cómo Fernando decoró su cuarto para nuestra primera vez, la que pasó, no las que salieron mal, cada pequeño detalle fue reproducido, hasta nuestra foto en el portarretratos sobre la mesita de noche, era totalmente romántico y me emocioné otra vez.

—¿Te gustó, abejita? —Preguntó al abrazarme, mientras nuestras canciones comenzaron a sonar por el sistema de sonido de la cabaña.

Besó mi barbilla y después se inclinó sobre mi vientre. Besando y acariciando ahí con tanto cuidado y con tanto cariño.

—¡Hola, bebés! El papá ahora puede hablar con ustedes, ya le contó a la mamá que vienen en camino. —Habló con mi vientre y sentí una punzadita de emoción tomarme. —Estamos ansiosos por su llegada y vamos a preparar cuartitos muy lindos para que estén protegidos. Son muy esperados y muy amados, bebés. Ahora duerman, porque el papá va a cuidar a la mamá.

—¿Dónde está el Fernando que tenía horror al matrimonio y no quería tener hijos? —Pregunté con la voz quebrada y se irguió para mirarme a los ojos.

—Ese Fernando descubrió que su mayor miedo es perderte, que lo que lo hace feliz es realizar todos tus sueños. Descubrió que su corazón quería estar enlazado al tuyo por un asunto medio mágico, medio divino, que se llama matrimonio, que deseaba esa comunión de la vida contigo. Y con certeza espera que el matrimonio ahuyente a esos admiradores atrevidos que andan pensando en robártelo. —Me reí con su declaración más sincera.

—Nadie me va a robar de ti. Pero pensé que cuando descubrieras sobre el embarazo ibas a enloquecer o dar un infarto, no sé. —Hablé y respiró profundo.

—Y me ibas a contar por una videollamada. Pensé que nuestros hijos merecían más que una videollamada. —Sonrió y me sentí avergonzada.

—No quería verte yéndote. —Las palabras salieron medio trabadas y ahogadas.

—Nunca me voy a ir. Necesitas confiar más en mi amor por ti. —Pidió y tenía razón. —En un primer momento me llevé un gran susto y aún estoy muy preocupado, mi tío me contó sobre el asunto de los medicamentos. Pero después, no sé, sentí como si fuera tan correcto. Y me puse muy feliz. Estoy muy feliz. Ahí descubrí que en realidad, no es que no quisiera tener hijos, pero tengo miedo de ser un mal papá. Solo que tengo mucha fe en ti y sé que no vas a dejar que sea un mal papá.

—¡Vas a ser el mejor papá del mundo, Fernando! —Afirmé, porque tenía certeza de eso.

—¡Perfecto! Porque también voy a ser el mejor esposo del mundo y el mejor amante también. —Besó mis labios y en un segundo el beso cariñoso y gentil dio lugar a un beso sensual y delicioso que hizo que todo mi cuerpo deseara el suyo.

La noche perfecta aún no había terminado, sentí como si todas las cosas estuvieran encontrando su lugar, todo mi amor por él desbordándose y todo su amor tocándome y garantizándome que sería siempre así, amor y unión perfectos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)