"Melissa"
Ya llevábamos un buen rato en reunión con los directores de la empresa cuando Heitor recibió un mensaje que le robó toda la atención.
—Gente, vamos a darnos un descanso de cinco minutos —decidió y lo miré frunciendo el ceño—. Ya regreso, loca —me habló bajito.
Los directores ya se habían levantado y algunos salieron para atender los teléfonos y otros empezaron conversaciones paralelas. Me pareció muy extraño que Heitor interrumpiera la reunión, no acostumbraba hacer eso, pero aproveché la pausa para hablar con José Miguel.
—José Miguel, ¿puedo hablar contigo un minuto? —me volteé hacia el hombre a mi lado.
—Por supuesto, señorita Lascurain, cuando quiera —sonrió y me dio toda su atención.
—Sé que tienes una vacante en tu departamento y conocí a una persona que tal vez pueda llenar esa vacante. Revisé el currículum, revisé los antecedentes y está todo bien. ¿Podrías considerarla para el puesto? Sé que Heitor te da total libertad para contratar, así que... —pedí y siguió sonriendo.
—¿Es una amiga tuya? —preguntó.
—Amiga no, es alguien a quien quiero ayudar —respondí.
—¿Quieres que la entreviste? ¿O quieres que la contrate? Porque voy a hacer exactamente lo que me pidas —me estaba mirando a los ojos y eso me desconcertaba un poco, porque su mirada era muy intensa.
—Quiero que la entrevistes y la consideres como una opción. Si crees que tienes otro candidato mejor está bien, lo entiendo —afirmé y me siguió mirando.
—¿Puedo ver el currículum? —pidió y saqué el currículum de la carpeta.
Mientras leía el currículum recibí un mensaje de Fernando diciendo que iba a jugar póquer con los amigos, no hacía eso desde hacía mucho tiempo y me pareció bien que se divirtiera un poco, pero eso me daba una buena idea de lo que había robado la atención de Heitor. Iba a responderle a Fernando diciendo que lo esperaría en casa, pero recibí un mensaje de Cat invitándome a una noche de chicas, ya que los hombres irían a jugar cartas. Le respondí a mi amiga aceptando y a Fernando informándole los planes y deseándole buena diversión.
—Es un excelente currículum —comentó José Miguel aún con los ojos en el papel y sosteniendo la pluma cerca del rostro—. Voy a entrevistar a la chica. Después te cuento cómo fue.
—Muchas gracias —respondí en el momento en que Heitor regresó a la sala.
—Señoras y señores, surgió un asunto de máxima importancia y necesito irme, Melissa va a continuar la reunión y ya saben, ella es quien manda —avisó Heitor y arrancó risas de los otros—. Mañana me pones al tanto de todo —habló y fue rápido hacia la puerta.
—¡Solo un minutito, Heitor! —le grité y se volteó. Lo jalé fuera de la sala—. ¡No vas a abandonar esta reunión por un juego de póquer!
—¡Maldición! ¿El Nando no podía haber esperado a que yo saliera? —pestañeó—. Mel, es un excelente juego, un fondo inigualable, ¡necesito ir, Mel! —enfatizó mucho el "necesito".
—¡Lo que necesitas es estar en esa sala de reuniones! —lo encaré.
—Mel, ¿por favor? ¿Hace cuánto no te pido nada? —me encaró con esos ojos verdes suplicantes.
—Me pediste la semana pasada irte más temprano —le recordé.
—Mel, ¡es diferente! Por favor, ¡es importante! Y me he portado bien —insistió.
—¿Por qué es tan importante, Heitor? ¿Qué tiene de especial este juego? ¡Y no me mientas! —se me encendió una alarma y empezó a tartamudear.
—Es que... eeeees... ay, Mel, ¡no me hagas esto! Es que Don quiere hacerle una sorpresa a Del. Eso es. Pero, por favor, no le digas —imploró y sentí que algo me molestaba.
—¿Le va a pedir matrimonio? —encaré a Heitor y respiró hondo, muy contrariado por contar.
—Sí, va a hacerlo —entregó los planes del amigo y me sentí desinflar como un globo de fiesta vaciándose.
No es que no estuviera feliz por Del, lo estaba, pero era la última soltera además de mí y yo estaba renunciando a mi sueño de casarme porque Fernando simplemente tenía urticaria solo de pensar en eso.
—Está bien, ve —respondí desanimada y volví a la sala de reuniones, cerrando la puerta y sentándome—. Señoras, señores, por favor, continuemos.
—¿Está todo bien? —me preguntó José Miguel en voz baja mientras todos se acomodaban e hice que sí con la cabeza.
—Sí, realmente no se puede no querer —respondió José Miguel con un tono que me hizo voltear la cabeza hacia él inmediatamente—. Eres muy especial, Melissa.
—Eres muy gentil, José Miguel. Gracias —respondí y tomé un rollito primavera.
Cenamos y la conversación fluyó naturalmente sobre el trabajo. Me hizo reír, contando sobre un empleado torpe de su departamento y eso me hizo relajar y dejar pasar toda esa tristeza que estaba sintiendo, después de todo, solo tenía que acostumbrarme a la idea de que el matrimonio no era una opción para mí. Cuando terminamos recogió la basura dentro de la bolsa y le entregué una galleta de la fortuna.
—¿Solo una? —me miró tratando de fingir decepción, pero estaba divertido.
—No necesitas suerte, eres guapo, gentil y educado. Anda, lee —sonrió y abrió la galleta.
—"Ahora es momento de intentar algo nuevo" —leyó—. ¿Qué tipo de suerte es esa? —movió la cabeza y se inclinó sobre el escritorio y me dio una galleta—. Abre la tuya.
—"Hay una perspectiva de un tiempo emocionante por delante" —leí y pensé en lo que tenía por delante, en mi futuro y cuando miré a José Miguel, estaba sonriendo.
—Tal vez deberías mirar hacia adelante —sugirió—. Tal vez puedas ver más.
—José Miguel, discúlpame, pero...
—Tienes novio. Lo sé. Tal vez si no tuvieras... —suspiró y se levantó—. Gracias por tu compañía hoy, Melissa.
Tomó la bolsa y salió de mi oficina antes de que pudiera decir algo. Escuché el timbre del elevador en el piso y aún estaba aturdida pensando en qué había sido aquello, pero mi oficina fue invadida por Catarina.
—¡Por fin te encontré! —vino hacia mí y me abrazó—. Tu celular está apagado. Y vine a buscarte, recorrí media ciudad buscándote, desde que recibí tu mensaje.
No me había dado cuenta de que mi celular estaba apagado ni siquiera de todo lo que estaba controlando hasta que mi amiga me abrazó y empecé a llorar. Solo necesitaba desapegarme de la idea del matrimonio y todo estaría bien, decidí renunciar a aquello, porque no renunciaría a Fernando.
Pero Catarina no me exigió ninguna explicación. Apagó mi computadora y fue conmigo hasta el carro, tomó las llaves y manejó por mí, me llevó a casa y se acostó conmigo en mi cama. Sabía, me conocía, y sabía exactamente lo que necesitaba en ese momento, solo su cariño y silencio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....