"Melissa"
Mi noche con Fernando salió completamente de lo que esperaba, pero fue mucho mejor de lo que imaginaba. Nos besamos mucho, nos hicimos cariños y dormimos abrazaditos. Ni me di cuenta de que estaba tan cansada hasta despertar y darme cuenta de que ya era el día siguiente. Pero eso se me fue de la mente cuando lo miré y vi la sonrisa radiante en su rostro, una sonrisa tan linda que hasta tuve celos de sus pensamientos.
Me miró y era diferente, me estaba mirando diferente y él estaba diferente, pero no sabía qué era. La conversación ligera y divertida que estábamos teniendo en ese momento, recordando cosas que ya hacían tanto tiempo, pero que eran tan vivas en mi memoria, era todo bien diferente, incluso la forma como confesó que tenía miedo de perderme. Lo tranquilicé, al mismo tiempo que di una advertencia.
—Nadie va a tocar lo que es tuyo, abejita, te lo garantizo. Soy solo tuyo, solo existo para ti —me garantizó y sonreí, volviendo al tema divertido de nuestras primeras veces.
—¡Eso está bien! Y me acuerdo de nuestra primera vez que casi fue.
—La que preparaste en tu casa, pocos días después de la primera vez que no fue —se rió, lo había invitado a cenar aprovechando que mis papás habían viajado, creé un ambiente todo romántico y aun así no fue esa vez.
—Mis papás regresaron antes del viaje y entraron a casa gritándome. Estaba debajo de ti, exactamente como estoy ahora, en calzones y sostén —me moví debajo de él.
—Me empujaste con tanta fuerza que me caí y me golpeé la cabeza en el buró al lado de la cama. ¡Me dieron seis puntadas! Ya me has hecho caer de la cama algunas veces. Y ya me has mandado varias veces al hospital —se rió recordándome todas las veces que nos enredamos por el nerviosismo y la ansiedad y que invariablemente terminó con él en el suelo o siendo llevado al hospital.
—¡Ah, eres medio lento, príncipe! —me reí—. ¡Pero cuando te decides, puedes ser perfecto! Me acuerdo de cada detalle de nuestra primera vez. Tus papás viajaron, te aseguraste de que no regresarían antes, hiciste una cena romántica, esparciste velas perfumadas y pétalos de rosas en tu cuarto, pusiste nuestras canciones románticas a sonar.
—¿Estas? —preguntó cuando una canción sonó por las bocinas del cuarto, ni me había dado cuenta de que tenía el celular en la mano, y la canción que sonó fue justamente nuestra canción, "Wonderful Tonight".
—¡La canción de nuestra primera vez, de la que fue! —estaba sonriendo tanto que ya sabía que me quedaría con la cara adolorida—. Adoro esa canción.
—¡Siempre me recuerda a ti! —susurró—. ¿Fui bueno para ti, abejita, en nuestra primera vez?
—Fuiste perfecto, Nando, fuiste gentil, atento, cariñoso —sostuve su rostro entre mis manos con cuidado y bajé la voz—. Hasta me hiciste llegar al orgasmo. Y cada vez después de la primera fue aún mejor.
—Después de eso apenas podía estar sin tocarte —confesó—. Aún siento eso, Mel, esa desesperación por tocarte, estar contigo —pasó la mano sobre mi abdomen—. Ese fuego que me quema por tenerte, solo aumenta con el tiempo, nunca se calma.
—¡Y eso me pone muy feliz, príncipe! —sonreí y me besó, el mismo beso lleno de sentimiento y emoción de la noche anterior.
Cuando se alejó de mi boca y abrió los ojos, vi el fuego arder en ellos. Se irguió sobre las rodillas y sus ojos acariciaron mi piel, recorriendo cada detalle de esa lencería. Su mano se deslizó hasta el lazo lateral que sujetaba las cintas y lo deshizo. Jalando las cintas despacio, una por una, hasta desatar todas.
Casi perdí el aire cuando llegué al orgasmo, un orgasmo intenso y perfecto, que se prolongó cuando lo sentí alcanzar su propio placer y jadear en mi boca. Nuestros cuerpos temblaron juntos y siguió besándome, con el cuerpo inerte sobre el mío. Se movió hacia el lado y me jaló hacia su cuerpo, nos quedamos un rato ahí, abrazados, las manos deslizándose por el cuerpo del otro, solo absorbiendo el momento que había sido tan intenso.
—No quiero, pero creo que necesitamos salir de la cama y arreglarnos para el trabajo —sugirió y refunfuñé. No quería, no estaba lista para reventar la burbuja de amor y confianza en la cual estábamos envueltos.
—Tampoco quiero, pero tengo que compensar hoy, pasé todo el día fuera ayer —comenté.
—Valió la pena, porque esta lencería es linda —comentó y besó mi cuello—. Ven, vamos a darnos un baño, voy a cuidarte y después verte arreglarte. Y podemos desayunar juntos en esa cafetería que hay cerca de tu trabajo.
—Me parece buena idea, tengo hambre y no quiero preparar el desayuno —respondí y se rió y me dio un mordisquito en el hombro.
La mañana se fue desarrollando perfecta y Fernando estaba más cariñoso que nunca, mantuvo nuestras manos entrelazadas mientras manejaba y la sonrisa estaba pegada en su cara, una sonrisa linda de quien tiene un secreto muy bueno y está a punto de contárselo a todo el mundo. Me dejó en el trabajo, con uno de sus besos románticos y antes de salir de mi oficina pasó el dedo índice por mi rostro.
—¡No olvides que te amo! —dijo antes de salir.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....