“Melissa”
Dejé a Fernando en el hospital y me fui a casa. Él todavía tardaría un poco más y yo quería prepararle una sorpresa. Pero en el camino me quedé pensando en esa invitación que recibió. Él no me la mostró, pero seguro que sabía que no era una buena idea ponerme dentro de una fiesta con esa fulanita que, estaba segura, estaría allí. Por suerte, Hana se había convertido en una aliada; estaba segura de que ella descubriría más sobre eso y me lo contaría.
En el garaje del edificio, saqué las bolsas del coche y noté, por casualidad, el coche de Rafael en el garaje. Hacía días que no lo veía a él ni a Giovana. Era extraño, porque antes siempre nos cruzábamos en el edificio, nuestros horarios coincidían, pero en los últimos días no había visto a ninguno de los dos. Y Giovana tampoco me estaba mandando mensajes, ¿será que todavía estaba castigada? Quizás debería pasar por allí y saber si estaban bien. Y pensando en hacer eso, caminé hasta el vestíbulo de los ascensores y me topé con Rafael.
—¡Rafa! ¡Hola! Justamente iba a pasar por tu apartamento —comenté al saludarlo con un beso en la mejilla.
—¡Hola, Meli! ¿Está todo bien? ¿Puedo ayudar en algo? ¿Quieres ayuda con las bolsas? —Él sonrió, pero no era esa sonrisa amplia y cálida que tenía, era más bien una sonrisa mustia.
—No, las bolsas están ligeras, gracias. Solo me di cuenta de que no los he visto y Giovana ya ni me manda mensajes —comenté.
—¡Aaahh! —Él pareció pensar por un minuto—. Está todo bien, sí. Es que el bar está muy movido y he pasado mucho tiempo allí. Y la Gi, bueno, la metí en clases de refuerzo y en una clase de baile que ella quería hacer desde hace mucho tiempo, además de la escuela, del inglés que ya hacía y de la academia a la que va más para cotillear con las amigas, está bastante atareada —Él dio una sonrisa, que siguió pareciendo un poco forzada.
—Pero, ¿está dando abasto con todo? —pregunté mientras entrábamos al ascensor.
—Sí, está muy feliz con las novedades. Pero empezó a insistir en que quiere hacer un intercambio —contó.
—Déjame adivinar, ¿quiere ir a Japón? —pregunté.
—No, a Australia, a pasar un tiempo con la tía —me corrigió.
—Ah, sí… me confundo con eso. Ella ya me había dicho que le gusta mucho la tía y dijo que la madre es mandona —reí.
—Bastante, concuerdo, pero la Rai es genial, la Gi es la que está en una fase difícil —Él suspiró—. Pero la tía está alimentando su idea y quizás esta experiencia no sea tan mala.
—De hecho, sabes que el intercambio es una gran experiencia —lo animé.
—Sí, creo que solo le tengo miedo al síndrome del nido vacío —Él se rió.
—Pero harás lo que sea mejor para ella, lo sé —Él sonrió en señal de acuerdo y el ascensor se detuvo en su piso—. Dile que me mande un mensaje.
—¡Mi hermosa! —Él sujetó la fina camisola en el escote con ambas manos y la rasgó de un tirón—. Aún más hermosa sin nada que te oculte.
Su boca descendió por mi cuerpo y arrastró la braguita por mis piernas, dejándome desnuda. Él separó mis piernas y miró mi intimidad con deseo. Su rostro se hundió entre mis piernas y me chupó hasta dejarme al borde del orgasmo. Entonces se detuvo.
—No pares… —pedí y él rió, apartándose y quitándose la ropa.
—¡Quiero estar dentro de ti, abejita! —Él se desnudó por completo y volvió a la cama, se acostó a mi lado y pasó la mano por mi cuerpo; yo quería tanto como él.
Pero él tenía hambre, era mi lobo feroz el que estaba allí. Me giró y me puso a cuatro patas, mi trasero quedando arqueado y mi mejilla apoyada en la almohada.
—He pasado toda la semana sin tocar este cuerpo delicioso, ahora te voy a devorar —Él prometió y pasó el dedo por mi intimidad haciéndome gemir—. Prepárate, abejita, porque hoy no vas a dormir más —Él se colocó detrás de mí y me dio una palmada en el trasero—. ¡Deliciosa!
Sin perder más tiempo, él sujetó mi cadera y hundió su miembro en mí con una estocada rápida y profunda, haciéndome gemir y ahogarme. Escuché su gruñido de apreciación y él se inclinó sobre mí solo para avisar:
—Será de esa manera, abejita, rápido y exigente —Él me dio un beso en medio de la espalda—. ¿Estás lista? —Hice que sí y sus estocadas en mí no fueron menos que perfectas, fuertes y profundas, haciéndome gemir y gritar de placer, hasta que alcancé mi orgasmo en un frenesí maravilloso, pero él no paró, fue aún más duro e implacable, haciendo que mi cuerpo entrara en combustión; él quería más y yo quería más, y sabía que él cumpliría la promesa de no dejarme dormir.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....