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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1022

"Hana"

Me pareció genial la novia de mi jefe, del tipo que llega y resuelve el problema. Y había un problema en este piso hoy, esa mujercita metida que se la pasaba coqueteándole a mi jefe encontró una manera de seguir apareciendo en el hospital. Ya había pensado seriamente en llamar a Melissa y avisarle, pero no quería parecer entrometida. Entonces, cuando la recepcionista me avisó que estaba subiendo, no lo dudé, corrí a esperarla en la puerta del elevador y le conté todo.

Y cuando aventó a esa lagartona, como le decía, fuera de la sala de juntas, no pude evitarlo, me reí en la cara de esa criatura maligna. Hice tal como Melissa me mandó, tomé a la cosita del brazo y la llevé hasta el elevador. Estaba frotándose la frente, como si sintiera dolor. El Dr. Molina y el otro hombre la miraron a ella y después a mí algo confundidos.

—Pobrecita, está medio mareada. —dije y me encogí de hombros, empujándola hacia el hombre que estaba con ella. Se abrió el elevador y entraron. Misión cumplida, podía regresar a mi escritorio.

—¡Hana! —Fernando me llamó—. Melissa te quiere llevar, ¿tienes idea de lo que va a hacer? —Negué con la cabeza—. ¿Pero quieres ir?

—¡Me encantaría! —respondí bastante emocionada.

—¡Pero no sabes lo que va a hacer contigo! —Fernando se rió.

—Jefe, mírala, es una diosa, no tengo de qué preocuparme. —respondí y Melissa sonrió.

—Sí, conquistaste otra seguidora, Mel. —Fernando se rió—. Puedes ir Hana, pero no te quejes si te deja calva.

—Prepárate, Fernando, mañana tendrás una nueva asistente. —Melissa le dio un beso al novio y se volteó hacia mí—. ¡Vamos, colita!

Se dirigió hacia los elevadores y miré a mi jefe sonriendo.

—¡Me puso un apodo! —dije emocionada y salí corriendo tras ella.

Cuando empezamos nuestro recorrido en el centro comercial entendí por fin la advertencia de mi jefe. Melissa era una mujer en una misión y no se detendría por nada. Entramos y salimos de varias tiendas, hasta que estableció mi estilo como "una mezcla de clásico y urbano", incorporó a mi guardarropa faldas rectas, blusas de encaje, camisas llenas de detalles, hasta unos jeans que me daban curvas y blazers alargados, en fin, todo ese tipo de cosas en colores variados. Me gustaron las combinaciones que me enseñó a hacer para dejarme con personalidad y, según ella, demostrar que era una mujer fuerte y no una cosita asustada.

También me quitó los lentes, los cambió por lentes de contacto que tuve que aprender a ponerme, pero también insistió en cambiar mi armazón por algo más moderno y escogió un modelo más cuadrado y rojo. Era realmente notable en mi rostro, pero me gustó su elección. Y entonces, llegó la hora que más temía, el salón de belleza.

—¿No me vas a dejar calva, verdad? —pregunté y analizó mi rostro.

—Tienes un rostro muy delicado, te quedaría hermoso. —habló y abrí los ojos. Empezó a reírse—. No te voy a dejar calva, pero vamos a cortar sin piedad.

—¿Cortar? —Eso era extraño para mí, pues siempre tuve el mismo corte de cabello recto y largo hasta la mitad de la espalda y me molestaba, entonces siempre lo recogía, porque pensaba que mi cabello no tenía arreglo, esa cosa lisa y escurrida me dejaba con la cara de la chica que salía del pozo en la película.

—Puedes confiar, te va a gustar. Entiendo por qué usas el cabello recogido. —Me tomó por sorpresa y hasta pensé que había pensado en voz alta, pero no, parecía ver las cosas en los ojos de las personas. Sonrió—. Soy buena leyendo a las personas, colita.

Cuando apareció el estilista empezó a decir lo que quería y me mostró una referencia. Me pareció hermoso, tenía dudas de si me quedaría bien, pero si Melissa pensaba que sí no iba a dudar. Y el estilista garantizó que quedaría, en sus palabras, ¡increíble!

Me senté en la silla y dejé que hicieran lo que querían. Mi cabello fue lavado, cortado, peinado y cuando estuvo listo, casi no podía reconocerme. Era un corte moderno, con los mechones del frente a la altura de la barbilla y atrás más corto, el flequillo parecía caer en capas y por lo que el estilista explicó era muy fácil de mantener, por lo que dijeron el corte se llamaba 'short bob'.

—¡Dios mío, quedaste con cara de mujer poderosa! —Melissa me miró por el espejo—. ¿Qué te pareció?

—¡Simplemente me encantó! Nunca pensé que me fuera a gustar tanto un cabello corto. —No podía dejar de mirar mi imagen reflejada en el espejo.

Nando se levantó muy serio y me observó por un momento.

—Melissa, ¡le cortaste casi todo el cabello! —habló horrorizado—. Por favor, dime que permitiste esto. —Me preguntó y me reí.

—Sí, jefe, lo permití. ¿No te gustó? —pregunté.

—Hana, te ves hermosa. Vas a aprender que Melissa sabe de las cosas y ¡acertó de lleno contigo! —sonrió y miró a su novia.

—¡Te superaste esta vez, Mel! —Fue hacia ella orgulloso.

Regresé a mi escritorio justo cuando llegaba una canasta de frutas con una invitación para mi jefe, pero era de esa farmacéutica, lo que solo podía significar que la lagartona tuviera que ver en esto. Corrí a entregar antes de que Melissa se fuera.

—Con permiso, jefe, llegó esto para usted. De esa farmacéutica. Gente insistente, ¿eh? —comenté y le eché un vistazo a Melissa.

—Déjame ver. —Tomó la tarjeta—. Es una invitación para la fiesta de aniversario de la farmacéutica. Una fiesta que ofrecen solo para los clientes y personas importantes.

—Hana, puedes llevar la canasta a la sala de café de los empleados y recuérdame hablar de esto con el tío Álvaro mañana, por favor. —Fernando respondió con calma.

—¡Claro, jefe! —Tomé la canasta de su escritorio y me retiré. Me pareció gracioso, ¿por qué necesitaría hablar con el tío sobre la invitación a una fiesta? Era tan sencillo, bastaba confirmar la asistencia o enviar cualquier cosa con una tarjeta agradeciendo e informando que no podría asistir. Me quedaría pendiente de esto, tenía toda la pinta de problema.

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