Agarró el celular, a punto de hacerle una llamada a Joaquín.
Cuando, en ese preciso instante, recibió un mensaje de WhatsApp.
Joaquín: [Mira a tu derecha, estoy debajo del tercer árbol.]
Kiara volteó.
Un hombre, recostado contra un viejo árbol, estaba ahí con los brazos cruzados sobre su pecho.
No venía trajeado como de costumbre, sino que llevaba una vestimenta desenfadada y joven.
Sin embargo, su atractivo seguía siendo tan irreal como un dios caído.
Sus hermosos y deslumbrantes ojos almendrados brillaban, proyectando un aire despreocupado pero rebelde, e irradiaban una elegancia fría e inalcanzable, como si se mantuvieran a kilómetros de distancia.
Las jóvenes que pasaban se ruborizaban al verlo, con el corazón acelerado. Todas querían tomarle fotos, pero su porte frío y calculador las acobardaba, y nadie se atrevía a sacar el móvil.
—¡Wow! ¿Quién es ese chico? ¡Qué guapo está!
—Acabo de ver el auto que conduce. ¡No hay muchos de esos en todo Clarosol!
—¿Y a quién estará esperando? ¡No me digas que... es novio de alguna de las chicas más lindas de la universidad!
El parloteo incesante se alzaba a su alrededor.
Kiara arqueó una ceja.
Sí que era guapo.
Definitivamente era un deleite para la vista.
Pero cuando la mirada de Kiara se topó con la de él...
En un parpadeo, una cálida y radiante sonrisa iluminó el rostro del hombre.
Dio un gran paso hacia delante con sus largas y bien formadas piernas.
Como si fuera lo más natural del mundo, tomó la mochila de lona que Kiara llevaba y, con la otra mano, entrelazó sus dedos con los de ella.
—¿Cansada de tu primer día de clases?
Joaquín sonrió de lado, con una voz desbordante de afecto y cariño.
Kiara se dejó guiar sin poner resistencia y, con un tono lánguido, respondió:
—Solo es un grupo de idiotas, hacían tanto escándalo que me dio dolor de cabeza.
Levantó ligeramente la vista y lo miró fijamente.
—¿Y tú qué haces aquí?
Joaquín la llevó hasta donde había estacionado el vehículo.
—Venir a buscar a mi prometida a la escuela es exactamente mi deber como tu futuro esposo.
Kiara le dirigió una mirada fugaz y resopló con sarcasmo.
¿Desde cuándo esa promesa de matrimonio era oficial?

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