Pamela se encogió hacia atrás, temblando como una frágil flor mecida por el viento, fingiendo estar aterrorizada.
Se mordió el labio inferior y habló con tono sincero pero resignado:
—Y-yo no tengo nada en contra de ustedes... Solo lo hago para no poner a mi hermana en una situación incómoda... Si de verdad no robaron el Corazón del Mar, entonces colaboren un poco. Es solo una revisión de rutina. Si los registran, probarán su inocencia, ¿no creen?
Al terminar, añadió con fingida inocencia:
—Si reaccionas con tanta agresividad y te niegas a que te revisen, ¿acaso es porque tienes algo que ocultar?
—¡Puras estupideces! —Escorpión, que no se caracterizaba por su paciencia, la fulminó con sus ojos salvajes llenos de desprecio—. ¿No tienes vergüenza, pedazo de víbora?
—No paras de decir que colaboremos con la revisión, pero con esa cara de rata traicionera que tienes, apuesto a que tú fuiste la que armó todo este teatro. Para mí, tú te robaste el Corazón del Mar y ahora quieres plantárnoslo para hacerte la víctima, ¿verdad?
Había que admitirlo, aunque Escorpión tenía un carácter explosivo, su instinto no fallaba.
Dio justo en el clavo.
El corazón de Pamela dio un vuelco, pero mantuvo su expresión de inocencia y dulzura.
¿Qué importaba si esa tal Violeta lo había adivinado?
No tenían forma de probar que ella lo había hecho.
Pero si aceptaban la revisión...
Y el Corazón del Mar aparecía entre sus ropas, esa sería la prueba definitiva.
—¿Cómo podría hacer algo así? Si son amigos de mi hermana, también son mis amigos. ¿Qué ganaría yo, o la familia Quintana, con hacerles daño?
Pamela esbozó una sonrisa amarga, llena de fingida resignación.
—Señorita Violeta Suárez, está siendo demasiado paranoica.
—Solo propuse la solución más justa, y lo hice para ayudarles a limpiar su nombre. Después de todo... sus orígenes no se comparan con los de los demás invitados presentes.
—Si se niegan rotundamente a colaborar, ¿será que... de verdad tienen la conciencia sucia?
Su voz era suave, pero cada palabra estaba calculada para confirmar que Escorpión estaba actuando por frustración y culpa.
Escorpión escupió al suelo.
—¿Amigos? ¿Tú? ¡No me hagas reír! ¡Me das asco!


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