La idea de la pistola asustó a Pamela por un instante.
Pero luego soltó un resoplido de desdén.
Esa tal Violeta solo era una pueblerina más, igual que Kiara.
Puro montón de campesinos.
¿Acaso habían visto un arma de verdad en su vida?
¿Cómo iban a estar cargando una en sus bolsos?
¡Seguro había visto mal!
Pamela se alejó rápidamente de las cosas de los amigos de Kiara, se sentó frente al espejo y fingió arreglarse como si no hubiera pasado nada.
En ese momento, las invitadas entraron al tocador.
Al ver a Pamela, las risas se detuvieron de inmediato.
Pamela notó al instante que las miradas que le dedicaban eran extrañas.
Y pensar que, antes de que Kiara apareciera, ella era la mujer más envidiada del salón.
La persona a la que todas esas chicas buscaban para platicar.
Pero ahora...
Cuanto más lo pensaba, más sentía que el pecho se le oprimía de coraje.
Se mordió el labio, respiró profundo y, forzando una sonrisa, intentó saludarlas.
Pero las jóvenes no le devolvieron el saludo. Por el contrario, la miraron con una mezcla de rareza y burla.
Luego, fingiendo que ella era invisible, caminaron directo hacia los espejos del otro lado, riendo mientras se retocaban el maquillaje.
Ignorando a Pamela por completo.
La sonrisa de Pamela se congeló.
Y la cara se le puso roja como un tomate.
El odio la estaba consumiendo por dentro.
Apretó los puños, se dio la vuelta y salió del tocador.
*Solo aguanta un poco más...*
*¡Solo un poco más!*
En unos minutos, el hazmerreír de todo el banquete sería Kiara, ¡no ella!
Apretando los dientes, regresó al salón principal.
Tomó una copa de champán con los dedos aún temblando levemente, y su mirada se clavó en Kiara, quien seguía rodeada con orgullo por la familia Quintana.
A su lado estaba la Princesa Isabella, charlando animadamente y sonriendo junto a Kiara.

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