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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 77

—Pamela.

La voz de Kiara fue fría y pareja.

—Lo tuyo no tiene nada que ver conmigo.

Es decir: lo de ella tampoco tenía nada que ver con Pamela. Que no se metiera.

Pamela se atoró un segundo.

—Pero… al final vivimos en la misma casa.

Lo dijo con evidente desgano.

Kiara alzó un poco la mirada y habló sin rodeos:

—Veinte años. Convivir tanto tiempo con alguien deja marca. Así que, si tú sabes caerles bien a mis papás, a mí me da igual que te tengan ahí.

A Pamela se le ensombreció la cara.

¿Esa vieja la estaba comparando con un perro?

Como si sus papás la tuvieran solo de mascota, para entretenerse.

Era una humillación.

—Si quieres vivir tranquila, guarda tus ideas, cállate y quédate en la casa, portándote bien, como un adorno.

Kiara se inclinó un poco y le habló al oído; su voz se volvió más baja, más pesada:

—Te lo digo por última vez. Si no… ni otros veinte años te van a salvar.

—Mi paciencia se acaba rápido, ¿entendiste?

Esa voz, helada, se le metió a Pamela como una aguja.

Kiara no se detuvo a ver cómo a Pamela se le iba el color de la cara ni cómo se tambaleaba. Simplemente la rebasó y se fue.

Pamela se quedó clavada en el lugar, con el eco de esa advertencia casi humillante repitiéndosele una y otra vez.

Tenía el cuerpo helado y la cara torcida de rabia.

Cada palabra de Kiara era una amenaza descarada.

Pamela pensó en esa bolsa de lona que Kiara siempre llevaba y frunció el ceño.

¿Qué podía tener de especial la computadora de una cualquiera?

—Con que me consigas su laptop, con mi técnica puedo sacarle todo: quién es, qué trae, qué está moviendo. —Mario soltó una risita—. Con eso en la mano, la dejamos sin cara. Que deje de hacerse la importante frente a ti, que todos la vean como realmente es… y que jamás pueda estar por encima de ti.

El corazón de Pamela dio un brinco y sus pupilas se contrajeron.

Miró hacia donde Kiara había desaparecido y recordó la humillación de hoy, la frialdad del profesor Morales con ella y el trato completamente distinto hacia Kiara.

Y también cómo la familia que antes la consentía… ahora parecía volcarse con Kiara.

Los celos y el rencor le quemaron la razón.

Con una mirada llena de veneno, asintió despacio:

—Va.

***

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