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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 76

Tal como era de esperarse, el ceño fruncido del profesor Morales por fin se relajó. Giró a ver a Kiara.

—¿Es parte de tu familia?

Kiara ni siquiera levantó la mirada. Su voz sonó plana:

—No exactamente.

—Ah.

Con esa respuesta, el profesor Morales entendió que Kiara no quería que la relacionaran con Pamela.

Y la actitud de Pamela, que apenas se había suavizado, volvió a enfriarse al instante.

A Pamela también se le heló el corazón. Miró a Kiara con resentimiento.

Ella ya se había rebajado a reconocerla como su “hermana mayor”, y aun así Kiara se atrevía a negarlo.

Era obvio que lo hacía a propósito: para humillarla frente al profesor Morales, para que él no la aceptara como alumna.

¿Así de fuerte era su envidia?

De verdad no entendía… ¿por qué el profesor Morales trataba a Kiara de manera tan distinta?

Pamela, avergonzada, apretó contra el pecho los documentos de su tesis y estaba por hablar cuando se escuchó un grito desgarrador, como de animal en el rastro.

Volteó de inmediato.

Un grupo de guardias del Ministerio de Defensa arrastraba a un gordo hacia otra salida. El tipo chillaba a todo pulmón y, al ver a los que estaban ahí, alzó la voz:

—¡Profesor Morales! ¡De verdad me equivoqué! ¡No me arresten! ¡No me arresten!

—¡Ingeniera Ibarra… ingeniera Ibarra! ¡Ya entendí, perdóneme! ¡Ayúdeme, dígale algo al profesor Morales!

A Pamela se le fue el color de la cara.

Ese hombre…

Debía ser del instituto.

¿Y estaba suplicándole a Kiara?

En un abrir y cerrar de ojos, los guardias se lo llevaron.

De principio a fin, Kiara no mostró ni la más mínima reacción, como si Pamela y ese tipo no le importaran en lo absoluto.

Se colgó la bolsa de lona al hombro, de manera despreocupada, y dijo:

—¡Kiara! —gritó mientras corría.

Pero esa figura alta y delgada no tenía intención de detenerse.

Pamela apretó los dientes, aceleró, y alcanzándola se le plantó enfrente para bloquearle el paso.

—¿Tú cómo conoces al profesor Morales? —exigió.

En sus ojos se notaban el coraje y la duda, imposibles de ocultar.

—¿Por qué tienes permiso para entrar al instituto? Tú… ¿quién eres?

Kiara por fin se detuvo.

Bajo la luz fría de la luna, su rostro de rasgos marcados se veía aún más distante, casi irreal.

Al alzar apenas la mirada, sus ojos no mostraban emoción alguna; pero cuando se posaron en Pamela, le provocaron una presión que le erizó la piel.

Bajo esa mirada, Pamela se llevó una mano al pecho y se le cortó tantito la respiración. Aun así, se negó a dejarse intimidar y levantó la barbilla.

—Si tú conocías al profesor Morales, ¿por qué en la mañana no lo dijiste de una vez? Tú sabías lo importante que era esta tesis para mí, tú…

***

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