Al pasar por el lado de Adriana.
Kiara le lanzó una mirada tan fría y penetrante que parecía atravesarla.
Adriana sintió la extraña seguridad de que... Kiara lo sabía todo.
Su corazón latía como un tambor y, mientras veía a Kiara alejarse rápidamente por el pasillo, las piernas le temblaron.
Kiara llegó corriendo a la sala de emergencias.
El Dr. Valerio y el resto de su equipo médico sudaban a mares.
—¡Señorita Valdez, el estado de don Marcos es crítico! Tenemos que operar ya... pero, justo ahora que el Director Whitmore...
Aunque Kiara había afirmado que traería un reemplazo para Whitmore, ahora el tiempo jugaba en su contra. A estas horas, ¿a quién iban a conseguir con tanta urgencia?
Kiara dejó su bolso de lona a un lado y tomó la muñeca de Marcos para sentir su pulso.
El ritmo era caótico y la sangre fluía de manera inestable.
Sus ojos se oscurecieron. Sacó su estuche de agujas y, en un abrir y cerrar de ojos, clavó varias agujas de plata en los puntos vitales de su abuelo para estabilizarlo.
—La gente que pedí ya está en camino. Preparen el quirófano ahora mismo —ordenó con voz cortante.
Las manos del Dr. Valerio temblaban.
—P-pero... don Marcos ha empeorado de forma tan repentina que sus signos vitales están por los suelos. Operarlo en este estado... ¡las probabilidades de muerte son altísimas!
—Si no operamos, la probabilidad es del cien por ciento —respondió Kiara tajante.
El rostro del Dr. Valerio palideció. Pero, al ver la expresión calmada e imponente en el joven rostro de Kiara...
Inhaló profundamente.
—¡Sí! ¡Prepararemos todo para una cirugía de urgencia!
Justo cuando el Dr. Valerio iba a organizar a su equipo para cumplir las exigencias de Kiara a toda velocidad.
Una voz llena de autoridad y furia retumbó por los altavoces de la sala:
—¡Qué locura es esta!
En la enorme pantalla de la sala de emergencias apareció una transmisión en vivo. Del otro lado se veía a un grupo de médicos con batas blancas, todos con rostros severos y un aura de superioridad absoluta. Parecían profesionales del más alto nivel.
Sus voces resonaban por la sala.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste