¿Y todo lo que había hecho… no la dejaba como una payasa?
Esa humillación brutal hizo que Pamela se quedara helada; le temblaba el cuerpo y respiraba a tirones.
Justo cuando esas dos siluetas estaban por perderse en la esquina, de pronto creyó ver… una figura conocida, alta y bien plantada, acercándose a Kiara.
Se incorporó con naturalidad al grupo de Kiara y el profesor Morales.
Pero fue apenas un segundo, tan rápido que… casi dudó de si lo había imaginado.
¿Joaquín?
¿Cómo iba a estar Joaquín en el instituto, y encima… caminando con Kiara y los demás?
No… no, espérate.
Seguro era porque varias veces había escuchado el carro de Joaquín llegar a la casa de los Ibarra, pero no lo había visto, y como lo extrañaba demasiado, por eso se confundió.
Pero si lo de Joaquín fue un error…
Entonces, ¿qué onda con la actitud del profesor Morales hacia Kiara? ¿Y cómo fue que Kiara pudo entrar al instituto?
Pamela sintió que todo aquello de lo que siempre se había sentido orgullosa, frente a Kiara, quedaba aplastado hasta hacerse polvo.
Su autoestima se hizo pedazos.
—No puede ser… esto no puede ser… —murmuró Pamela, ida, con la mirada perdida.
—Pamela… —Mario también traía la cara amarga. Pensó en cómo hacía un momento se estaba presumiendo frente a dos mujeres guapísimas, y en un parpadeo la “cualquiera” a la que él despreciaba le dio una cachetada con hechos.
Se le ocurrió algo. Le apretó el hombro a Pamela.
—Tú espérate aquí. Voy a entrar a ver qué está pasando, a ver con qué mañas se metió esa vieja al instituto.
Y dicho eso, Mario levantó la pierna para entrar.
Pero apenas iba a pasar el torniquete, lo detuvieron.
Dos guardias del Ministerio de Defensa cruzaron las armas frente a él, bloqueándole el paso.
A menos que… su papá y su mamá, o su abuelo, por quedar bien con Kiara, hubieran presionado al profesor Morales para meterla ahí, nomás para “darle brillo”.
Porque Kiara, esa rancherita que ni la prepa terminó, era una burra para la escuela y ni ganas tenía de estudiar.
Así que la familia quería aprovechar su relación con el profesor Morales para colarla en su instituto…
En cuanto trajera el nombre del instituto del profesor Morales encima,
aunque Kiara no tuviera título, dentro del círculo de familias ricas de Clarosol ya nadie podría burlarse de ella por eso.
Mientras más lo pensaba, más sentido le hacía.
Se clavó las uñas, con todo y manicure, hasta enterrárselas en la piel. Con los ojos enrojecidos, se quedó mirando fijamente la esquina por donde Kiara había desaparecido.
Quería ver con sus propios ojos…
hasta dónde era capaz de llegar la familia Ibarra por Kiara.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste