El lugar quedó sumido en un silencio sepulcral.
Todos miraban a Kiara con una mezcla de asombro y terror.
Esta deslumbrante chica asiática... ¿no era demasiado ruda?
¿Acaso eran las famosas artes marciales de Solarenia?
Desde el interior del deportivo rosa, Simón entrecerró sus oscuros ojos, observando fijamente la mirada gélida y serena de la joven.
De pronto, soltó una grave carcajada.
Sacó un cigarrillo de su cajetilla y se lo colocó entre los labios.
La sonrisa en su rostro se profundizó.
*Arrogante.*
*Y extremadamente capaz.*
Con esa actitud altanera y esas habilidades de combate, si alguien le dijera que no tenía experiencia en los bajos mundos, ni los muertos se lo creerían.
Adriana estaba petrificada, mirando a Pamela con los ojos desorbitados.
¡Pamela jamás le advirtió de esto!
¡¿Cómo iba a saber que Kiara peleaba así?!
El rostro de Pamela también estaba pálido; ella tampoco tenía idea de cómo Kiara había adquirido esas habilidades.
*¡Eran varios hombres!* Y ella, como si nada, ¡los había dejado en el suelo de un solo golpe!
La voz de Pamela temblaba, pero aún intentaba mantener su fachada de mujer comprensiva.
—Her-hermana... ¿Cómo puedes golpear a la gente así? Ellos... ellos son amigos de Adri. No puedes traer esas costumbres violentas que aprendiste en el campo y usarlas aquí. ¿No ves que estás dejando a Adriana en una posición horrible frente a sus amigos?
Cuando Adriana reaccionó, estalló en cólera y fulminó a Kiara con la mirada.
—¡Kiara Ibarra, ¿te atreves a tocar a mi gente?!
Kiara arqueó una ceja, curvó sus labios rojos y miró a Adriana con una mezcla de sarcasmo y desdén. Su voz fue fría y arrogante:
—Puedo romperte la cara a ti también, ¿quieres comprobarlo?
Esa simple mirada le provocó a Adriana un escalofrío por la espalda.
Todas las palabras se le atascaron en la garganta y no pudo emitir ni un solo sonido.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste