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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 561

Una vez, dos veces… va.

¿Pero tres o cuatro?

El abuelo quería cortarle de tajo a Pamela cualquier oportunidad de volver a apoyarse en sus abuelos maternos.

Kiara pensó que no era precisamente la persona más carismática del mundo; no era como que cualquiera la viera y, de inmediato, le cayera bien.

Pero ahora ya había vuelto con la familia Ibarra.

Y la verdad sí era momento de ir a ver a sus abuelos.

Además… había escuchado que los dos estaban delicados de salud.

Si iba, quizá también podría echar una mano en algo.

Pensándolo así, Kiara asintió:

—Sí, está bien. La próxima semana voy con mi mamá a visitar a mis abuelos.

En el segundo piso.

Pamela estaba recostada en la cama, pálida, con un rubor extraño en las mejillas.

Con los ojos rojos, como inyectados en sangre, se quedó clavada viendo el celular.

Por el teléfono se escuchaban con claridad las voces de la familia Ibarra platicando.

Pamela se puso peor del coraje; respiraba agitado.

—Eso de que me tratan igual que antes es mentira. ¿Cómo que igual? Antes, para todo, lo primero que pensaban era en mí… ¿y ahora qué? Ahora nomás tienen ojos para Kiara, esa pinche rancherita.

Antes de que Pamela siguiera, Lucía colgó la llamada.

Lucía llevaba más de diez años trabajando con la familia Ibarra y, como había sido la nana de Pamela, también había ido formando su propia gente.

Puso a alguien a limpiar en el comedor familiar y, desde ahí, conectó una llamada de audio.

Al inicio, su idea era que Pamela escuchara si, al no bajar a cenar, la familia Ibarra la mencionaba, si se preocupaban por ella o si la extrañaban.

Y terminó oyendo esto.

Favoritismo era lo que les sobraba.

—Dicen que aunque Kiara haya regresado, a mí me van a tratar como hija… pero uno tras otro se la pasan recalcando que yo soy adoptada. ¿En qué momento me han tratado como su hija de verdad?

Pamela recordó lo que su papá acababa de decir y se le hizo un nudo en la garganta.

De por sí ya estaba muy enferma.

Con eso, las lágrimas se le salieron sin control.

Lloraba de tristeza y de coraje.

—Lucía… el abuelo quiere que Kiara también vaya con nosotros a ver a mis abuelos. ¿A poco también me los quiere quitar?

Lucía, al verla llorar y toser a la vez, con la voz hecha trizas, se llevó un vaso con agua y se lo fue dando poco a poco.

—Señorita Pamela, ya no llore. Si se enferma, nada más le va a dar el gusto a esa desgraciada.. Si sigue así, su cuerpo no va a aguantar.

—Que esa escuincla se vaya a Aquilinia si quiere. ¿A poco cree que el señor y la señora se van a dejar engañar tan fácil?

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