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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 550

Mientras lo decía, Pamela intentó levantarse a la fuerza.

Pero se le fueron las piernas y volvió a caer sentada en el sillón. Cerró los ojos, con cara de que se sentía fatal.

Vanesa se apresuró a sostenerla. Miró la venoclisis que todavía estaba pasando y suspiró.

—Primero que termine el suero. Luego que el médico la valore y ya se va a la casa de las afueras. No pasa de un ratito.

Pamela se recostó de nuevo. El cabello largo le tapó la mirada, donde se le asomaba el enojo.

Estaba así de débil, con fiebre…

¿Y su mamá ni siquiera se iba a ablandar?

¿Todavía quería que, en cuanto terminara el suero, se fuera?

¿No se supone que su mamá era la que más fácil se tentaba el corazón?

¿O es que…?

Ahora en la cabeza de su mamá solo existía Kiara.

Lo que le pasara a ella no importaba. Kiara era lo único importante.

Pamela temblaba de coraje, y la cara se le veía todavía más roja.

Menos mal… menos mal que desde el inicio no contó con su mamá.

Todavía tenía una carta bajo la manga.

En ese momento,

sonó la videollamada de la sala.

Mohamed fue a ver y avisó enseguida:

—Señora, son el señor y la señora.

—¿Mis papás? —a Vanesa se le tensó la cara—. ¿Será que… ya van a operar a mi papá? Contesta, rápido.

—Papás, no se preocupen. Pamela está bien, yo la voy a cuidar —dijo Vanesa rápido al ver que los dos se tocaban el pecho, incómodos.

—¿Tú la vas a cuidar? ¿Estás segura de que sí la vas a cuidar? —Jacobo frunció el ceño y miró a Vanesa con severidad—. Porque a mí ya me dijeron que la quieren mandar a la casa de las afueras.

Vanesa se quedó helada y por reflejo volteó a ver a Pamela.

¿Cómo se enteraron sus papás, desde tan lejos, de que Pamela estaba enferma? ¿Y de que la iban a mandar a la casa de las afueras?

—No voltees a ver a Pamela. Si yo quiero enterarme de lo que pasa en tu casa, me entero —Jacobo frunció el ceño, molesto—. ¿Qué? ¿La niña apenas volvió y ya no aguanta a Pamela?

Alejandra le apretó la mano al esposo, incómoda con cómo lo dijo.

Luego miró a la cámara.

—Vanesa, siempre te he oído decir que esa niña es lista y tranquila, y sé que es buena.

—Pero esa niña es tu hija de sangre. Y a Pamela la vimos crecer. Para nosotros, es como si fuera igual que tu hija… igual que mi nieta.

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