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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 545

Kiara: “…”

Cómo le gustaba clavarse en su papel.

Y, la neta, ya le estaba entrando una duda seria:

este hombre… ¿no se habría dejado amarrar a propósito?

Ella no era tonta; sabía cómo se movía él.

Si no hubiera cooperado, Escorpión no la habría tenido tan fácil.

Joaquín la cargó y la acomodó en la cama.

Estaban tan cerca que Kiara alcanzó a olerle ese aroma fresco, como a pino.

El calor se le subió, y hasta la respiración se les empalmó.

Por suerte, Joaquín no se pasó de la raya. En cuanto la dejó en la cama, quitó las manos.

Kiara quedó medio recostada, con la cara dura.

—Listo. Ya puedes irte.

Joaquín vio la oreja de ella, rojita, y la sonrisa le creció.

—Siempre igual: usas y tiras. Qué bárbara, Kiki. ¿Señor Ibarra y señora Ibarra ya saben?

Kiara: “…”

¿Bárbara tú?

Joaquín se acercó un poco más y apoyó las manos a los lados de ella, en la cama.

El cuello abierto de la camisa se le plantó frente a los ojos a Kiara, descaradísimo.

—Kiki, yo me porto bien.

Sonrió, entre inocente y provocador, con esos ojos brillándole.

Por un instante hasta daba el avión de “buen tipo”, como perro grandote que quiere caricias.

Luego le agarró la mano a Kiara y se la puso en la mejilla.

—Además, se siente bien. ¿Seguro que no quieres un “abrazo” de esos que sirven para dormir?

¿De qué hablaba? ¿Cómo que “se siente bien”?

Kiara tenía ganas de soltarle un manotazo y acomodarle las ideas.

Respiró hondo y señaló el sofá del rincón.

—Tú… duermes allá.

Joaquín volteó, lo vio, y regresó la mirada. Luego alzó las pestañas, con cara de víctima.

—Kiki… ¿neta me vas a dejar hecho bolita ahí?

En la oscuridad, se oían las respiraciones de los dos.

Kiara pensó que, con alguien junto a ella, iba a batallar para dormir.

Que estaría incómoda.

Pero no.

En nada se quedó dormida.

Joaquín escuchó la respiración tranquila y larga de Kiara, y giró un poco la cara, mirándola.

La verdad:

para él, quedarse y dormir junto a ella era casi una tortura.

Era un hombre normal, de carne y hueso.

Y la que tenía al lado era la chica en la que llevaba pensando tanto tiempo.

¿Cómo se supone que iba a… quedarse quieto?

Pero…

ella de plano no se cuidaba nada con él.

Y eso hacía que, aunque quisiera pasarse de lanza, no pudiera. No le nacía.

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