-
Lo de encontrarse a Ricardo en el hospital ni le movió una fibra a Kiara.
Después de explicarle al doctor Salinas lo de la técnica mínimamente invasiva y todo el manejo para estabilizar al paciente,
se fue en carro de regreso a la mansión Ibarra.
Apenas cruzó la entrada del vestíbulo,
Vanesa y Camilo salieron en pijama. En cuanto la vieron, se les aflojó la expresión.
—Kiki, ¿por qué tan tarde?
—Me tocó un paciente en urgencias y me entretuve —dijo Kiara, acercándose—. ¿No les dije que se durmieran temprano y que no me esperaran?
—No pasa nada, justo nos acabábamos de despertar —dijo Vanesa, tomando la mano de Kiara con una sonrisa suave.
La verdad, había muchas cosas que ellos no eran tontos para no sospechar.
Por ejemplo, que su hija se hubiera ido a vivir fuera un tiempo.
O que esa Violeta (Escorpión) hubiera venido desde el pueblo a buscarla.
Vanesa podía imaginarlo…
Si Kiara se fue, seguro fue por algo peligroso.
Para que ellos no se preocuparan. Para no arrastrarlos.
Y esa Violeta…
se veía tranquila, pero era impredecible y libre, y se notaba que sabía pelear.
Además, era la amiga de toda la vida de Kiara.
Vanesa no podía ni imaginar qué había vivido su hija de niña para volverse así de capaz.
Hay una frase que dice: entre más puedes, más te toca cargar.
Y la capacidad de su hija…
significaba que su vida nunca iba a ser tan simple como la de los demás.
¿Cómo no iba a preocuparse?
Pero Vanesa no se lo diría a Kiara, ni quería cargarla de presión.
la persona que buscaron tanto tiempo era su propia hija.
Con razón ella estaba tan segura de poder hacer que Regino volviera a caminar.
Era demasiado impactante.
Los Ibarra esa noche estaban felices, felices; ni de chiste se iban a poder dormir.
Kiara se rió con la expresión exagerada de su papá.
Con la voz más cálida, dijo:
—Todavía me faltan muchas cosas por presumirte, pa. Prepárate, porque te vas a emocionar todavía más.
Camilo soltó una carcajada.
Vanesa agregó:
—Hoy, después de la fiesta de mayoría de edad de Ellie, el teléfono no dejó de sonar. Ya a estas horas, tuvimos que decirles que no fueran a molestar al abuelo; si no, no paraban.
Kiara tragó el bocado.
—¿Esos… estaban tratando de averiguar quién soy?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste