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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 532

La cachetada sonó durísimo.

Ricardo sintió un ardor insoportable en la mejilla.

Estaba claro que Kiara no se contuvo nada.

Se quedó aturdido.

De dolor… y de sorpresa.

Nunca se imaginó que aquella “hermanita” que antes le rogaba hasta por una mirada y le decía “hermano” con voz bajita…

se atrevería a pegarle.

Ricardo se quedó viendo a Kiara, sin parpadear.

Kiara seguía igual de fría. La mano con la que lo había golpeado bajó y se le plantó en el hombro.

Y de un empujón, lo apartó.

Ricardo trastabilló y casi se va de cara al suelo.

Kiara se fue directo hacia el paciente.

—¡Kiara, estás loca! —Ricardo por fin recuperó el equilibrio, con la cara roja de coraje.

Kiara llegó junto a la camilla y, tras revisar al paciente de arriba abajo, dijo sin alterarse:

—Sujétenle bien brazos y piernas.

Los médicos y enfermeras que estaban en la reanimación no la conocían; ese día no habían estado en el otro caso.

Pero al oírla, obedecieron casi por reflejo.

Era que esa chava…

tenía una presencia demasiado fuerte.

Como para no hacerle caso.

Hasta que ya lo tenían bien inmovilizado, fue que se les prendió el foco: ¿por qué se habían dejado mandar así?

Iban a preguntar qué pensaba hacer, cuando vieron que Kiara sacaba, del bolso de tela que traía colgado, un paquetito.

Después, un destello frío le brilló en los dedos.

—¡Zas, zas, zas!

Las agujas cortaron el aire con precisión. En un parpadeo, se clavaron en puntos específicos del cuerpo del paciente.

La enfermera que monitoreaba los aparatos gritó, incrédula.

La voz de Ricardo se apagó en seco. Volteó, con la cara desencajada.

Los números estaban mejorando a simple vista.

Le tembló la boca de la impresión. Dio dos pasos y se pegó al monitor para revisar él mismo.

Los médicos de urgencias también se quedaron con los ojos abiertos.

—Órale, niña… sí traes con qué.

Pensaban que alguien bueno en medicina tradicional tenía que ser un señor ya grande.

Pero esta chava, a lo mucho, tendría unos veinte. Y aun así tenía un nivel brutal.

Kiara, mientras le tomaba el pulso, soltó:

—Ahorita es la ventana ideal. Prepárense para operar ya.

Ricardo alzó la cabeza de golpe. Tenía las ojeras marcadas y los ojos hundidos.

—¿Operar? Lo dices como si fuera cualquier cosa. ¿Tú crees que esto es un juego? ¿No entiendes que…?

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