Los demás médicos tomaron el expediente con la cara tensa.
—¿El doctor Zúñiga, que es de los mejores del Hospital San Juan de Dios, no pudo? ¿Qué clase de paciente es?
La enfermera asintió, apurada.
—El tumor cerebral está en una zona complicadísima; está presionando nervios principales. Está crítico…
Los médicos revisaron el expediente y se les fue el color del rostro.
Por lo que decía ahí, la cirugía de ese tumor tenía menos de un diez por ciento de probabilidad de salir bien.
Aunque lo cambiaran de hospital mil veces,
no había forma de arrancarlo de la muerte con pura suerte.
A un doctor hasta le tembló la voz.
—Doctor Zúñiga, tome una decisión. ¿Qué hacemos ahora?
Entre el equipo de urgencias, una figura alta llamaba mucho la atención.
Llevaba una bata impecable, facciones refinadas y anteojos de montura delgada. Tenía ese aire pulcro de protagonista de serie médica.
Pero en ese momento…
Ricardo tenía el cabello totalmente alborotado, la frente empapada de sudor y las manos le temblaban sin control.
No sabía qué hacer.
No podía decidir.
Tenía la mente hecha pedazos, en blanco.
Antes, cualquier caso difícil le salía.
Era un genio, punto.
Pero desde aquella vez…
desde que Kiara lo dejó en evidencia y le destrozó el orgullo, se vino abajo y no ha podido recuperarse.…
Sabía que no podía seguir así.
No podía arruinarse el futuro solo por el golpe que le dio su “exhermana”.
Era un genio.
Todavía tenía oportunidades.
Por eso, cuando pidieron un equipo para el traslado, él se ofreció.
Pero durante el camino,
Con la voz ronca, soltó:
—¿Tú… qué haces aquí?!
Al principio Kiara ni lo había notado.
Lo que le llamó la atención fue el llanto de los familiares y el alboroto del equipo médico. Ella se hizo a un lado para no estorbar.
Solo cuando oyó lo que decían los doctores se dio cuenta de que, en el equipo de traslado, estaba su antiguo “hermano”.
Es que Ricardo en ese estado…
ya no se parecía en nada al joven brillante, el “nuevo genio” de la medicina del que todos hablaban.
Traía el pelo revuelto, ojeras marcadas, y hasta la bata —siempre impecable— se le veía toda arrugada.
¿Y eso apenas por qué?
¿Con tan poquito ya estaba hecho pedazos?
La gente con el ego frágil de verdad…
no aguanta nada.
Con un tipo así, si lo llevaban a un congreso médico internacional, ¿no terminaría haciendo el ridículo más espantoso?

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