Kiara sostuvo la mirada esperanzada de Fernando.
Lo que dijo le dio risa.
¿De verdad Joaquín era tan malo a los ojos de su abuelo?
¿Que lo único rescatable fuera la cara?
Ni se imaginaba qué diría Joaquín si escuchara esa “evaluación”.
Kiara soltó una risita, pero no le siguió el juego al tema.
Mientras tanto, Gaspar, que estaba hundido en su tristeza por haber sido rechazado, oyó que su abuelo todavía estaba “echándole ganas” por él, intentando emparejarlo con ella.
Sin poder evitarlo, se tocó la cara.
La verdad… tal vez sí. Tal vez lo único que tenía era la cara.
Si fuera tan bueno como su primo…
Ella no lo habría rechazado tan rápido.
Todo por pasarse veinte años comiendo, tomando y jugando, sin aprender nada, sin saber hacer nada.
Y encima, su abuelo—tan orgulloso toda la vida—tenía que bajarse y andar rogando, con esa ilusión de que Kiara aceptara comprometerse con él.
A Gaspar se le calentó el pecho.
Y justo cuando se estaba enterneciendo…
Oyó que la belleza se reía.
A Gaspar se le abrieron los ojos de golpe.
¿Esa risa… era de él?
Se encendió; ya ni se hizo el tímido. Agarró el brazo de Fernando.
—¡Abuelo, piénsale bien! ¡Seguro tengo otras cosas buenas! ¡No puede ser que lo único sea que estoy guapo! ¡Por mi futuro, acuérdate de mis virtudes y díselo todo, todo, todo!
Y señaló a Kiara.
Luego siguió, todavía más rápido:
—¡Todavía ni la conquisto y tú ya lo soltaste! ¡Tú andas más desesperado que yo y ahora me estás echando para atrás! Abuelo… ¡ay! ¡Abuelo, ¿por qué me pegas?!
No alcanzó a terminar.
Fernando le dejó caer el bastón encima.
Y no fue leve.
Gaspar se quedó en shock, y salió corriendo de un lado a otro, chillando.
—¡Abuelo, estás loco! ¿Puedes no humillarme frente a ella? ¡Mi dignidad!
—¡Ah! ¡¿Entonces sí quieres nuera?!
—¡Ay, ay, ay! ¡Otra vez!

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