Álvaro apenas bajó la mirada hacia sus piernas, pero con el rabillo del ojo alcanzó a ver la entrada del salón: vio a Kiara.
Cuando ella salió, se cruzó un momento con Joaquín.
Álvaro alcanzó a ver cómo, con gesto serio, Joaquín le colocaba a Kiara un arete delicado.
¡Era el comunicador nanométrico más nuevo, de uso militar!
Álvaro se quedó helado.
¿Pasó algo?
—Álvaro… —Pamela también vio a Kiara. Se mordió el labio, llena de rabia.
Kiara lo estaba haciendo a propósito.
Vio que Álvaro había ido con ella… y ahora quería quitárselo.
Justo cuando iba a hablar, vio a Joaquín acariciarle el cabello a Kiara con una familiaridad evidente.
A Pamela se le revolvió el estómago.
Ni siquiera se había hecho pública la identidad de Kiara, y Joaquín ya la trataba así delante de todos, sin disimular.
¿De verdad quería que todo mundo se fijara en Kiara?
¿Quería que todos supieran que Pamela… sólo era una “señorita Ibarra” falsa?
Mientras pensaba eso, Álvaro arrancó de pronto hacia donde estaba Kiara.
Pamela se espantó y estiró la mano para jalarle del pantalón.
—Álvaro, yo… me duele muchísimo. No te vayas. Me duele de verdad…
Álvaro tenía la atención clavada en Kiara.
La vio salir con cara seria, y a Joaquín regresar al salón.
Entendió que no era cualquier cosa.
Bajó la vista hacia Pamela, que lloraba desconsolada.
—Pamela, si aceptaste la apuesta, te haces responsable. Eso también es parte de cómo actuamos los Ibarra. Si te comprometiste, aguantas las consecuencias.
Luego volvió a mirar hacia donde Kiara se había ido.
Y Álvaro también…
Apenas había dicho que no se iban a inclinar por nadie, y a la primera, por Kiara, la dejó ahí para que siguiera pasando vergüenza.
Ella tenía las rodillas destrozadas… ¿y a él ni le importó?
Entre más lo pensaba, más coraje le daba; entre más coraje, más odio.
Sintió que, si esto seguía, en la familia Ibarra ya no iba a valer nada.
-
Kiara atravesó el pasillo lujoso rumbo al tocador.
Los tacones resonaban, secos y claros.
Pero ni el tacón delgado le estorbaba: avanzaba rapidísimo.
Aun así, con el rabillo del ojo barrió un punto del corredor.
En sus ojos asomó una frialdad casi imperceptible.

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