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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 437

Alba, como si ya fueran íntimas, se quedó viendo el vestido de Kiara, como si le hubiera impresionado de verdad.

—Wow… qué vestido tan bonito. Se te ve increíble. Aquí trae el logo de YB… ¿es a la medida? Yo no he visto este modelo en la página de YB.

Elena se apuró a seguirle el juego:

—Si puedes usar un YB hecho a la medida, tu familia debe estar pesada. Nosotras, con comprar lo nuevo ya nos damos por bien servidas… y ni soñar con que el diseñador, el Maestro Ícaro, nos haga algo especial.

Alba preguntó:

—¿Y por qué estás sola en un rincón? ¿Dónde están tus amigos?

Pero entre las dos se iban turnando la conversación como si estuvieran ensayadas.

Kiara no mostró el más mínimo cambio en la cara.

Tampoco hizo el intento de aceptar la copa.

Solo levantó la mirada, con flojera, y las vio de lado.

A las dos se les congeló tantito la sonrisa.

Con esa mirada… les dio la sensación de que las estaban viendo como si fueran un chiste.

Elena frunció el ceño.

—Oye, venimos con buena intención a saludarte. ¿No crees que es de mala educación ni siquiera contestar?

—¿De qué familia eres? ¿O qué, nos estás viendo por debajo del hombro?

Kiara levantó tantito la comisura de los labios, recargó la barbilla en la mano y contestó sin emoción:

—Ustedes sabrán si vinieron a hacer amigas o a buscar pleito.

Aunque estaba sentada, su postura era tan despreocupada… que parecía que las miraba desde arriba.

A las dos se les descompuso la cara. No esperaban que Kiara les destruyera la intención tan rápido.

—¡Claro que venimos a hacer amigas!

En ese momento, en el escenario, Pamela tocaba una pieza suave y fluida en el piano.

El alboroto de ese lado era imposible de ignorar.

Mucha gente volteó a ver.

Las dos no tuvieron de otra más que seguir actuando:

—Solo nos dio curiosidad. Si traes un YB a la medida, ¿por qué nunca te habíamos visto en este círculo?

Para que no se saliera de control, Catalina se metió rápido, como si siguiera un guion:

—Ya, Elena, Alba, no la presionen.

—Ella… viene de fuera. Antes era hija adoptiva de la familia Zúñiga. No es ninguna socialité. A lo mejor no está acostumbrada a este tipo de eventos y por eso se esconde aquí.

Que todos vieran lo ridícula que se veía esa “provinciana”.

Una chica así, y todavía se atrevía a presumir por ser de los Ibarra, delante de ella.

Quién sabe qué le hizo al abuelo, que estos días ni verla quería.

Una que se la pasaba con hombres y presumía esas carreras de autos tan corrientes.

¿Y todavía quería casarse con la familia Carrasco?

Que soñara.

—A ver, señorita, enséñanos tu invitación —exigió Elena—. Si no… voy a tener que pensar que te metiste aquí con otra intención.

Elena vio que Kiara seguía como si nada y se convenció más: ni invitación tenía.

Kiara soltó una risa seca y la miró con frialdad.

—¿Invitación? ¿Y tú qué eres, o qué? ¿Con qué derecho me andas interrogando?

—Vienes a hacerla de payasa nomás para que te vean. ¿Qué ganas conmigo?

Elena se puso roja del coraje, humillada por ese tono.

—¡Porque no tienes cómo comprobarlo! ¡Te caché! ¿O qué, crees que no sabemos que entraste porque andas buscando a quién enredar? Yo he visto a muchas como tú: puras trepadoras. Te aviso: si la gente de la familia Carrasco se entera de tus cochineros, no vas a poder volver a pararte en Clarosol en tu vida.

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