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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 436

De hecho, se podía decir que era el regalo más lujoso de toda la fiesta.

Pero por más que ella presumiera lo valioso que era ese juego de joyería…

Eloísa no cambió la expresión. Es más, mientras la otra hablaba sin parar, Eloísa hasta bostezó, aburrida.

Se veía clarísimo que no tenía la menor intención de escucharla.

A Pamela se le subió el coraje.

Esa Eloísa… de verdad cada vez caía peor.

¡Qué malagradecida!

Le había llevado un regalo carísimo y aun así no le daba el mismo lugar que a Margarita, una completa extraña.

Al final de cuentas, durante años ella había tenido el título de “la futura cuñada”, ¿no?

¿Cuánta lana y cuánta energía había gastado intentando ganarse a Eloísa?

Y aun así, Eloísa nunca la aceptó de verdad.

Pero ahora… Eloísa ni siquiera conocía a Kiara; ni sabía quién era.

Y aun así, frente a todos, la llamaba “mi futura cuñada” y reconocía su lugar como si nada.

Entonces, ¿todo lo que Pamela había hecho antes qué?

¿Solo porque Kiara era la hija biológica de los Ibarra?

¿Así de fácil Eloísa la aceptaba?

Que los Ibarra fueran parciales por la sangre… bueno.

¿Pero que la familia Carrasco también se pusiera en esas? ¿Qué onda con eso?

Pamela volteó a ver a Joaquín, que estaba con la cabeza baja en el celular, y se obligó a sonreír para tragarse el enojo.

—Para celebrar el cumpleaños de Ellie, también le preparé una pieza al piano. El arreglo lo compuse yo especialmente para festejar su mayoría de edad.

—Hace rato, la señorita Solís tocó con mucha pasión, pero se le olvidó quién es la protagonista de hoy. Yo solo quiero aportar mi granito de arena. Ojalá Ellie pueda sentir mi felicitación.

Sonrió con dulzura y se sentó despacio frente al piano.

Las luces, ya preparadas, cayeron sobre ella.

La hicieron ver como un ángel bañado en luz: pura, impecable.

Era demasiado bonita.

Al mismo tiempo…

Kiara, en un rincón, tomaba limonada con calma mientras tecleaba en el celular.

No le estaba contestando a Joaquín.

Estaba leyendo los mensajes de un usuario llamado [Téllez].

[¡Profe! ¿A poco ya andas aceptando alumnos nuevos a mis espaldas?]

[¡Espere! En el mundo no hay nadie que pueda copiar su estilo. Ni yo: si lo intento, con suerte llego a un treinta por ciento. Si esa mujer puede imitarla así, ¿no significa que su capacidad está cañona?]

[No, no, no… si de verdad fuera tan buena, ¿cómo iba a echar a perder un diseño de collar tan fino? Los detalles están… de pena ajena. Por ejemplo el corte de los diamantes y el diseño de la cadena; si usted…]

Téllez no paraba.

Tecleaba a una velocidad que no parecía la de una señora de casi cincuenta.

Era evidente que ya había practicado… solo para estar fastidiando a su profe.

Kiara apoyó la barbilla en la mano y justo iba a contestar cuando, de pronto, escuchó una voz exageradamente curiosa a su lado:

—¿Ay? Qué cara tan nueva… ¿de qué familia eres? No te había visto en este ambiente.

Tres mujeres “de sociedad”, con copas en la mano, se acercaron a Kiara.

La mirada de Kiara se detuvo en la de la izquierda: Catalina.

Entrecerró los ojos.

La otra, Alba Benítez, sonrió como si fuera muy amable:

—Una chica tan guapa… si yo te hubiera visto antes, me acordaría segurísimo.

—Claro —dijo Elena Ríos, sonriendo y acercándose más—. Si en nuestro círculo hubiera una niña así de bonita, ya sería famosísima.

Le extendió una copa a Kiara.

—¿Nos presentamos? Vamos a ser amigas.

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