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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 421

—Gaspar, esa… esa vieja… ¡cof! La tal Salvadora… ¿la viste? ¡De una patada… de una patada tumbó la puerta!

El de pelo verde tragó saliva, con la cara pálida del susto.

—Gaspar, una guardaespaldas así de brava y encima súper cool… tú no la vas a poder manejar.

¿Y si de verdad la conquistaba?

Luego un día la hacía enojar sin querer…

Y entonces… una patada.

Y se acabó.

Gaspar, con ojitos de estrella, miró hacia el camerino, donde la chica le hablaba a Eloísa con una expresión suave.

Se rió por lo bajo.

—¿Neta no creen que… se ve increíble?

El rubio y el de pelo verde:

—¿Eh?

Gaspar, embobado:

—Yo creo que… una chava así es la única que sí me puede poner en orden. Con ella me sentiría bien seguro.

El rubio y el de pelo verde:

—…

Ya valió.

A Gaspar ya se le botó la canica. Cayó redondito.

-

En el camerino.

Kiara le acomodó a Eloísa las últimas piezas de joyería.

Al verse en el espejo con las joyas que su ídolo le había mandado hacer, a Eloísa se le humedecieron los ojos de la emoción.

Afuera, de pronto, se escucharon pasos. El ambiente se puso helado, cargado de enojo contenido.

Joaquín apareció en la puerta. Venía con una presencia helada; su cara, normalmente relajada y medio burlona, ahora era puro filo.

Sus ojos oscuros recorrieron el camerino.

Aunque los guardias ya habían “arreglado” el desastre, todavía se notaba el tiradero.

La mirada se le endureció más, hasta que se quedó fija en Eloísa.

La chica ya no lloraba, pero traía los ojos hinchados y la cara manchada de lágrimas. Era obvio lo que acababa de pasar.

El ambiente alrededor de Joaquín se volvió todavía más tenso.

—Joaquín… —Eloísa lo vio, le temblaron las pestañas, y el coraje y la tristeza que apenas había contenido le regresaron de golpe.

Joaquín se acercó y la cubrió con su sombra.

La frialdad en su expresión bajó un poco; en los ojos se le asomó la preocupación.

Le puso una mano en la cabeza y le despeinó tantito el cabello.

—¿Te asustaste? —preguntó.

Eloísa, con los ojos rojos, se sonó y negó.

—No… Kiara llegó rapidísimo. En un segundo tiró a Alejandro.

Joaquín levantó apenas la mirada, y esos ojos profundos se le clavaron a Kiara.

Los labios se le movieron apenas.

—Gracias.

Kiara alzó una ceja y asintió como si nada.

—Y la mujer que trae pegada… —los ojos de Joaquín se enfriaron—. Si Ellie la sacó de ese rancho perdido y aun así no aprendió a comportarse, regrésenla a donde estaba.

—Que los abogados calculen cuánto dinero le sacó a Ellie estos años, por medio de Alejandro. Quiero una lista de lo que debe, con todo y recargos.

—Si no puede pagarlo, que paguen sus papás. Y sus parientes.

Kiara alzó un poquito la ceja.

Romperle la mano a Alejandro era castigo.

La quiebra, destruirle la base.

La cárcel… era cortar cualquier posibilidad de futuro.

Y en cuanto a Carolina…

Una chica que por fin había salido de un lugar miserable y, con una deuda imposible encima, la mandaban de regreso a ese hogar.

Eso sí era el infierno.

Joaquín estaba pegándole justo donde más dolía.

Mientras daba las órdenes, no dejaba de checar la reacción de Eloísa.

Al ver que no mostraba ni un poco de lástima, se relajó tantito y soltó la última instrucción:

—Al empleado que dejó pasar a esa gente, y a su jefe directo, los quiero fuera. La familia Carrasco no necesita inútiles.

Colgó.

Joaquín miró a Eloísa.

—Ya casi es hora. Tienes que irte a preparar. ¿Aguantas salir y dar la cara?

Eloísa enderezó el pecho y agarró la mano de Kiara como si de ahí sacara fuerzas.

—Sí puedo. Con Kiara aquí, estoy tranquila.

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